En la mañana del martes 28 de julio, la comunidad católica internacional se vio conmocionada por acto de vandalismo perpetrados en Medjugorje, donde vertieron pintura negra sobre las imágenes de la Virgen, dejaron leyendas ofensivas e incendiaron el altar exterior de la parroquia Santiago Apóstol, donde cada día se reúnen miles de peregrinos para rezar el rosario y asistir a Misa.

Rápidamente, católicos de todo el mundo convocaron a actos de reparación, oraciones en desagravio por las ofensas a la Gospa (como se le llama en el lugar a la Virgen), y la comunidad local puso en marcha la reconstrucción del lugar y la limpieza de las imágenes, en una clara muestra de solidaridad, comunión y una respuesta de amor ante el daño que en un principio se atribuyó a una manifestación de odio a la fe.

Con el pasar de las horas, se conoció que el detenido acusado de haber cometido los hechos de vandalismo es un hombre polaco de 31 años que tiempo atrás, en un momento de gran crisis y con un pasado de violencia, adicciones y delincuencia a cuestas, descubrió la fe y encontró sentido a su vida en Medjugorje, experiencia de conversión que documentó en un blog y en libros, convirtiéndose en evangelizador y llevando su testimonio a distintos espacios donde era convocado.

Su experiencia también se hizo pública en el documental The Called 2: Apocalypse of Conscience, un filme estrenado a principios de 2024 que expone historias reales de vidas transformadas gracias a la fe.

Detrás de sus acciones puede haber una tragedia

Tras lo ocurrido con uno de sus protagonistas, el director del documental, Janek Sobierajski, compartió en sus redes sociales un mensaje sobre la facilidad con la que hoy se emiten juicios, comentarios duros y condenatorios.

Al referirse al joven, señaló: “Sé que durante mucho tiempo ha estado luchando con problemas psicológicos muy serios, quizás que requieren tratamiento psiquiátrico. Creció en un hogar disfuncional, y las consecuencias de esas experiencias han estado con él durante años. Recientemente, experimentó el colapso de su matrimonio, luego la pérdida de su trabajo y siguientes crisis de vida que solo empeoraron su sufrimiento”.

“Esto, por supuesto, no justifica lo que sucedió. La profanación sigue siendo algo muy doloroso. Pero antes de condenar a una persona, vale la pena recordar que detrás de sus acciones puede haber una tragedia que no es inmediatamente evidente”, subrayó.

“Por eso hoy te pido, sobre todo, apoyo espiritual. No para justificar el mal, sino para mostrar misericordia por una persona que, como creo, desesperadamente necesita la gracia de Dios, la ayuda y las personas que no dejarán de creer que todavía es posible”, escribió el cineasta, anhelando que esta historia no sea el último capítulo de su vida.

En la misma línea se pronunció el P. Marcelo Marciano, de la Arquidiócesis de Montevideo (Uruguay), quien hace 23 años conoció la fe en Medjugorje y actualmente encabeza peregrinaciones con grupos católicos de su país a este lugar de Bosnia-Herzegovina, en el que el Vaticano ha aprobado la «experiencia espiritual», sin pronunciarse sobre las presuntas apariciones.

En diálogo con ACI Prensa, el sacerdote reflexionó sobre los diferentes elementos o lecciones que nos deja lo ocurrido.

En primer lugar, la necesidad de acompañamiento que conllevan muchos procesos de conversión, con terapias vinculadas a la psicología, para no caer en el error de intentar suplantar con la espiritualidad el trabajo de otras disciplinas; y con un firme acompañamiento de la comunidad.

“Hay mucha gente que se convierte, y piensa que, porque se encontró con Jesús, no necesita más ir a algún psicólogo o hacer terapia, y le quedan todos los problemas adentro, que hay que seguir solucionándolos igual”, explicó.

Como comunidad, “tenemos que buscarle la vuelta para acompañar a toda esa gente y sobre todo ayudarlos a que sigan haciendo su terapia, no dejar eso, porque es muy fuerte lo que les pasó, y tienen que seguir recibiendo acompañamiento”, señaló en referencia a casos como el de esta persona, con un pasado muy herido.

La conversión necesita formación y acompañamiento

El sacerdote también advirtió sobre los riesgos de los procesos de conversión acelerados y la prudencia que se debe tener. Como ejemplo, señaló que alguien que recién se convierte “tiene que tener un camino de por lo menos dos o tres años para entrar al seminario, porque tiene que haber un sustrato más firme”.

“No puede ser que alguien que recién se convierta ya se ponga a dar charlas en un mundo que no conoce, sino que hay que formarse, pero a su vez también hay que acompañarlo”, admitió. 

En esos casos, aconseja el P. Marciano, a las personas “hay que llevarlas un poquito más con amor, de la mano, sintiendo que es un proceso largo, que la conversión abarca toda la vida, donde uno tiene que ir asentando las bases y donde uno también tiene que darse cuenta que tiene que abandonar el pecado, y eso a veces no es tan fácil”, reconoció.

En ese sentido, destacó la importancia de la comunidad que acompaña “para conocer bien a la gente, darnos cuenta si realmente está bien en cuanto a su salud mental antes de exponerlo a contar su historia, porque después por ahí se lo pone en un lugar que no le hace bien y termina siendo negativo por la exposición mediática que empieza a tener en un momento en el que no está preparado”.

En su caso personal, la ayuda y el acompañamiento vino de la mano de un sacerdote: “Yo me acuerdo que una de las cosas que hablé con este sacerdote fue decirle: ‘Mirá, para mí es muy atípico lo que me pasó, yo creo que me estoy enloqueciendo… Me gustaría ir a un psicólogo’. Y él me dijo: ‘No, no estás loco, es propio de la conversión, pero es muy bueno que también hagas ese acompañamiento psicológico, como para tener solidez en muchos aspectos que no sabes cómo actuar’”, relata.

«No demonizar todo»

Ante lo ocurrido en Medjugorje, el P. Marciano rescata la lección de “ver un poco más allá y no demonizar todo”.

“Eso no quita de que la acción del demonio hoy en día está activa, pero no todo es una acción del demonio, también tienen parte las decisiones que nosotros podemos tomar, que a veces no son decisiones buenas”, aclara.

En su opinión, lo sucedido en Medjugorje surge de una persona “que no goza de buena salud mental, profundamente herido, entonces lo manifiesta con una acción en contra de ese lugar donde en su momento recibió esa paz que ya no está, que con el paso del tiempo ‘se dio vuelta’”.

“Ir a un lugar a entorpecer algo que genera tanta devoción y tanto amor en la gente, querer hacerle daño, me parece que está hablando de un corazón con muchas heridas, con mucho dolor, y que no sabe cómo llevar adelante esas heridas”, insistió.

En medio del odio, «parar la pelota»

“Hoy vivimos en un mundo donde hay mucho odio, donde sentimos que tenemos que salir a responder enseguida a las situaciones, y me parece que hay que parar un poco la pelota, pensar y darnos cuenta que esto te puede pasar a vos o me puede pasar a mí, que nadie está exento de esto”, advirtió.

En cuanto a los juicios apresurados, el sacerdote llamó a reflexionar acerca de “cómo realmente nos tenemos que acompañar como seres humanos, y no en los momentos que las cosas van mal, pasar de que sea una persona que amamos todos a una persona que odiamos todos”, exhortó.

“Estamos en una sociedad de lo inmediato, donde esto sirve y esto no sirve, y lo que sirve lo usamos, lo que no sirve lo descartamos. Nos estamos olvidando que en el medio hay seres humanos”, lamentó.

“Uno ve esa imagen que ama, que es la de la Reina de la Paz, en el Podbrdo o en la Cruz Azul, y lo primero que da es un dolor enorme, de ver que la imagen que uno ama, en la que uno está rezando, ha sido violentada de esa manera. Pero después cuando uno sabe quién lo hizo, por qué lo hizo y demás, realmente se cuestiona interiormente todo esto”, admite.

«Lo que tiene que primar es el amor»

El sacerdote retomó las palabras de Iván, uno de los videntes, quien ante lo ocurrido llamó a no tener odio sino amor: “Nos tenemos que dar cuenta como seres humanos de que lo que tiene que primar hoy en día es el amor”, adhirió, llamando a una “revolución de amor que necesitamos para acompañarnos, para querernos, y no juzgar tanto”.

Por otra parte, destacó el accionar de la comunidad local ante los destrozos: “A mí me pone realmente muy feliz el hecho de ver cómo enseguida la parroquia, los franciscanos, los peregrinos, salieron al encuentro, a arreglar esto y se unieron todos en un mismo corazón y en un mismo espíritu, y que en el mismo día haya quedado tanto el templo de afuera como las imágenes restauradas”.

“Ojalá esa misma respuesta la usemos en estos casos, más allá del dolor que ocasiona esta situación, que usemos siempre todo para bien, porque hay tanto bien que se puede hacer en este mundo y hay tanta gente que necesita ser ayudada, que yo creo que sería una bendición que como cristianos también nos unamos en el amor para ayudar a toda esta gente que está herida y que está sufriendo”, anheló.

Fuente: aciprensa

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