El miércoles 5 de agosto de 2026, en la última noche del 37º Festival Internacional de Oración de Jóvenes en Medjugorje, la Santa Misa fue presidida por el obispo de Mostar-Duvno y administrador apostólico de la diócesis de Trebinje-Mrkan, Mons. Petar Palić, concelebrada por el visitador apostólico con carácter especial para la parroquia de Medjugorje, el arzobispo Aldo Cavalli, y otros 689 obispos y sacerdotes. Antes de la Misa, los jóvenes llevaron al altar un lienzo en el que los participantes del Mladifest habían escrito sus oraciones, intenciones, acciones de gracias…

«Durante estos días hemos orado juntos, escuchado la Palabra de Dios y buscado al Señor. Al concluir este encuentro, la Iglesia vuelve a poner ante nuestros ojos la Sagrada Escritura. Ella no es la conclusión de estos días, sino la clave para comprenderlos. Por eso los invito a que también esta noche abramos nuestro corazón a la Palabra de Dios», dijo al comienzo de su homilía el obispo Palić, y continuó explicando que el profeta Jeremías proclama hoy una palabra que sostuvo al pueblo de Dios durante siglos: «Con amor eterno te he amado». E invitó a escuchar con esa palabra en el corazón el Evangelio de hoy, que describe el encuentro de Jesús con la mujer cananea, quien se acerca a Él con fe y le pide ayuda.
«Jesús no se detuvo en sus palabras, sino que miró su corazón. Reconoció una fe que no vaciló ni en el silencio, ni en la prueba, ni ante aquello que no comprendía de inmediato. Por eso esta mujer permanece como testimonio permanente de que el Señor nunca deja sin respuesta a quien acude a Él con confianza», afirmó Mons. Palić, y añadió que «aquí se encuentran la Palabra de Dios de hoy y el lema del Mladifest de este año: Ad fontem – Hacia la fuente o a la fuente».

«La mujer cananea no sabía cómo terminaría su encuentro con Jesús, pero sí sabía en quién podía confiar su dolor. Eso es precisamente la fe. La fe no elimina todas las preguntas, pero da al hombre el apoyo necesario para atravesarlas», dijo el obispo Palić, explicando a los jóvenes que «a menudo pensamos que hemos sido nosotros quienes comenzamos a buscar a Dios, pero con el tiempo descubrimos que Él ya venía caminando hacia nosotros».
«Muchos de ustedes han llegado estos días a Medjugorje con sus propias intenciones. Algunos vinieron para dar gracias, otros para buscar la paz, otros para presentar preguntas que aún no tienen respuesta. Lo importante es que el camino no se detenga en la hermosa experiencia vivida durante estos días. El lema Ad fontem nos invita a seguir adelante y continuar buscando la Fuente de la que brota incesantemente la vida.
Esa Fuente tiene un rostro. Es Jesucristo. Por eso la Iglesia nos reúne siempre en torno a la mesa eucarística. En la Eucaristía, Jesucristo se nos entrega a sí mismo y permanece entre nosotros. De allí vive la Iglesia y desde allí vuelve siempre a comenzar», dijo el obispo Palić, y añadió que en ese camino también nos acompaña la Santísima Virgen María, quien nos conduce a su Hijo y nos dice: «Hagan todo lo que Él les diga».

«Su misión es siempre la misma: llevar al hombre a Cristo, la única Fuente de vida. Esto lo comprendió profundamente san Francisco de Asís. Del encuentro con Cristo en la Eucaristía sacaba la fuerza para su vida y para su misión. No buscaba signos extraordinarios. Le bastaba la presencia de Cristo en la Eucaristía.
También nosotros, durante estos días, hemos experimentado aquí cómo la debilidad humana puede dejar huellas dolorosas. Pero con mucha más fuerza hemos vivido que nada puede vencer la presencia de Cristo en medio de su pueblo. Alrededor del mismo altar, la Iglesia volvió a reunirse y continuó celebrando la Eucaristía. Esa es la respuesta de la fe. Cristo es nuestra Fuente y su gracia no deja de fluir», dijo Mons. Palić, recordando «en ese espíritu» también el Día de la Victoria y de la Gratitud Nacional.
«Mientras que hoy en Croacia se da gracias a Dios por el don de la libertad y se recuerda con respeto a los soldados croatas, no podemos olvidar tampoco a las muchas personas de Bosnia y Herzegovina que, en los difíciles años de la guerra, defendieron Croacia, así como a quienes desde Croacia defendieron los hogares y las vidas de las personas en Bosnia y Herzegovina. Su sacrificio no nos invita a vivir del recuerdo de la guerra, sino a construir la paz con mayor responsabilidad.

Queridos jóvenes, muchos de ustedes provienen de regiones marcadas por las heridas de la guerra o que aún viven bajo la sombra de los conflictos. Por eso, no permitan que el odio encuentre un lugar en su corazón. El papa León XIV nos recuerda con frecuencia que la paz no nace por sí sola. Comienza en el corazón del hombre que permite que Cristo lo transforme. Sean constructores de paz. El mundo necesita hoy precisamente discípulos de Cristo como ustedes», dijo el obispo Petar Palić, invitando a que el lema Ad fontem no quede solo como el tema del encuentro de este año, sino que sea «el camino por el que volveremos siempre a Cristo, porque solo de Él brota la vida que no pasa». Y concluyó: «Que un día el Señor también pueda dirigirnos las mismas palabras que dijo a la mujer cananea: “¡Qué grande es tu fe!”».
Después de la Misa tuvo lugar la adoración a Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar, seguida del envío misionero y la despedida. Los representantes de todos los países participantes en el Mladifest recibieron, frente al altar, un rosario como obsequio, entregado por los obispos Palić y Cavalli.
«Queridos jóvenes, reciban este rosario, es decir, la mano de María que se les tiende para que caminen por la vida con Jesús y con María, y aprendan de ellos. Sean evangelizadores en su familia, en su ciudad y en su país», exhortó a los jóvenes el párroco de Medjugorje, fray Zvonimir Pavičić. Por su parte, el obispo Palić los animó a ir al mundo, a sus países, a sus familias y a sus comunidades parroquiales, llevando el don que aquí han recibido.

El programa de la tarde comenzó a las 16:00 con cantos y danzas a cargo de los alegres y entusiastas miembros de la Comunidad Cenáculo, quienes dieron testimonio a los jóvenes sobre los distintos tipos de adicciones, angustias y traumas de los que fueron liberados gracias al amor de la Virgen, e invitaron a todos a pronunciar su propio «sí» con confianza en Dios.
En el programa de la mañana, la catequesis estuvo a cargo de fray Bojan Rizvan, quien invitó a los jóvenes a imitar el amor de san Francisco por Cristo y por María. Ese mismo amor lo vive la hermana Mariana Kovačić, de la Congregación de las Misioneras de la Caridad, quien en su testimonio animó a los jóvenes a no tener miedo de decir su «sí» a Jesús. Por su parte, Draženka Čutura habló en su testimonio sobre su hijo Stjepan y sobre cómo su vida, su enfermedad y su muerte se convirtieron en inspiración para muchas personas, que gracias a su sufrimiento regresaron al camino de Dios.
Fuente: Fundación Centro Medjugorje












































































