Mensaje extraordinario dado por la Virgen a Iván el 20 de octubre de 2017 en Medjugorje

«También esta noche la Virgen vino alegre y feliz y, al inicio, nos saludó a todos con su saludo maternal: “Alabado sea Jesús, queridos hijos míos”. Después extendió sus manos y oró un tiempo prolongado sobre todos nosotros, de manera especial oró por los sacerdotes y los enfermos presentes. Luego la Virgen dijo:

“Queridos hijos, también hoy deseo nuevamente invitarlos a vivir los mensajes que les doy. De manera particular, en este tiempo, los invito a orar por los proyectos que deseo realizar. Queridos hijos, sean perseverantes en la oración. Abran sus corazones, ábranse al Espíritu Santo para que Él los guíe. Este tiempo es un tiempo de gracia. Por lo tanto, oren más. ¡Gracias queridos hijos, también hoy, por haber respondido hoy a mi llamado”

A continuación, la Virgen nos bendijo a todos con su bendición maternal, y bendijo todo lo que ustedes han traído para que sea bendecido. Después yo los encomendé a todos ustedes, sus necesidades, sus intenciones, sus familias. Luego la Virgen continuó orando un tiempo sobre todos nosotros y en esta oración se marchó, se marchó en el signo luminoso de la luz y de la cruz con su saludo: “Vayan en paz, queridos hijos míos.”»

Veneración a la Santa Cruz en Medjugorje

Compartimos el vídeo completo de la Veneración a la Santa Cruz realizada en Medjugorje el día viernes 20 de octubre de 2017.

ROSAS PARA LA GOSPA

La Virgen quiere que las familias se consagren, ¿pero qué quiere decir?

“Queridos hijos, los invito a consagrarse a mi Corazón Inmaculado. Deseo que se consagren personalmente, como familia y como parroquia, de manera que todo pertenezca a Dios a través de mis manos” (25 de octubre de 1988)

Qué significa “Consagrarse a María” – Fragmento de la revista Madre de Dios

“Consagrarse a la Virgen” significa abrazarla como verdadera madre, en línea con el ejemplo de Juan, porque ella ya ha tomado en serio su maternidad con nosotros.

El fuerte sentido de la consagración

La consagración es un Acto complejo, que se diversifica en varios casos: una cosa es cuando un creyente se consagra personalmente, asumiendo compromisos específicos, otra cosa es cuando se consagra un pueblo, una entera Nación o incluso la Humanidad.

La consagración individual está teológicamente bien explicada por san Luis María Grignion de Montfort, del cual el Papa, con su lema “Totus Tuus” (inferido del mismo Montfort, que a su vez lo había tomado de san Buenaventura) es el primer “modelo”

El Santo de Montfort destaca dos razones que nos impulsan a hacerlo:

1-    El primer motivo nos es ofrecido por ejemplo del Padre, que nos ha dado a Jesús por medio de María, confiándoselo a Ella. De ello se deduce que la consagración es reconocer que la divina maternidad de la Virgen, siguiendo el ejemplo de la elección del Padre, es la primera razón de la consagración.

2-    El segundo motivo es el ejemplo del propio Jesús. Sabiduría encarnada. Él se ha confiado a María no solo para tener de Ella la vida física, sino también para ser “educado” por Ella, creciendo “ en edad, sabiduría y gracia”.

“Consagrarse a la Virgen” quiere decir, en esencia, acogerla como verdadera madre en nuestra vida, en línea con el ejemplo de Juan, porque ella ya ha tomado en serio su maternidad con nosotros: nos trata como hijos, nos ama como hijos, nos proporciona todo como hijos.

Por otra parte, acoger a María como madre significa acoger a la Iglesia como madre (porque María es la Madre de la Iglesia); y también quiere decir acoger a nuestros hermanos en humanidad (porque todos somos igualmente hijos de la común Madre de la Humanidad).

El sentido fuerte de la consagración a María está propiamente en el hecho de que con la Virgen nosotros queremos establecer una verdadera relación de hijos con su madre: porque una madre es parte de nosotros, de nuestra vida, y no se la busca solo cuando se siente su necesidad porque hay alguna cosa que pedirle…

Luego, dado que la consagración es en sí un acto que no es fin en sí mismo, sino un compromiso que se tiene que vivir día a día, aprendemos – detrás de los consejos de Montfort- a hacer, aunque sea, el primer paso que esta conlleva: hacer todo con María. De ello nuestra vida espiritual ganará con seguridad.

Palabras del P. Gabriele Amorth

¿Cómo consagrar la familia al Corazón Inmaculado de María?

Es importante ponerse bajo la guía de María porque solo Ella nos puede llevar a ser algo sagrado y todo de Dios. Por nuestra parte:

1-    Hay que preparar la consagración con un tiempo de oración común en la familia, posiblemente el Rosario con la lectura de sus mensajes.

2-    Eliminar de casa todo lo que disgusta al Señor (no ver ciertos programas de televisión, no leer ciertos periódicos, modificar un determinado lenguaje, no profanar la fiesta, las obras de caridad necesarias).

3-    Confesarse y tomar los compromisos que María recomienda en Medjugorje.

Seguidamente, un día establecido, después de la Comunión en Misa hacer un acto común de consagración, que puede ser el de Jelena. La consagración debe ser repetida a menudo, tal vez con una fórmula breve, ej.: “Somos todos tuyos, oh María, y cada cosa nuestra es tuya.”

Directamente la Virgen, en Medjugorje, empieza a hablar en 1988, pero todo su mensaje: presencia, actitud, contenido, no nos muestra otra cosa que el hecho de que ella ha venido y continúa viniendo para enseñarnos lo que es la consagración y cómo se vive. La Consagración a su Corazón es el medio, la vía para vivir el Amor, para vivir todos los medios de gracia con amor, para llevar el amor en la vida y alcanzar a Dios-Amor. “Queridos hijos, los invito a consagrarse a mi Corazón Inmaculado. Deseo que se consagren personalmente, como familia y como parroquia, de manera que todo pertenezca a Dios a través de mis manos” (octubre 1988)

La Consagración no es solo una fórmula, una plegaria, también es un cambio radical. En Misa, con la consagración, el pan y el vino cambian y se convierten en Cuerpo y Sangre de Jesús. En nuestra vida, con la consagración toda nuestra forma de vida debe cambiar y de natural debe convertirse en sobrenatural. No solo nos comprometemos a vivir en la gracia de Dios, sino que todo aquello que hacemos, lo queremos hacer para cumplir la voluntad de Dios, para complacerlo, por su amor, y todo se lo ofrecemos a Él.

Hay una consagración personal que compromete al propio individuo; hay una consagración familiar que quiere elevar y santificar toda la vida de la familia, las relaciones de los cónyuges entre sí, inspirados en el respeto mutuo, la humildad, la bondad, la comprensión y las relaciones entre padres e hijos; hay también la consagración de una familia más extensa como puede ser la parroquia, que compromete a todos los miembros a ayudarse mutuamente a vivir en Dios y para Dios. Haciendo nuestra consagración a María y por medio de María, la Virgen está llevando a cabo su misión de Mediadora de todas las gracias y nos ayuda a vivir en Dios y para Dios.

Nosotros nos consagramos al Corazón materno de María con nuestro amor de hijo que nos lleva necesariamente a imitarla no solo en sus privilegios que son únicos e irrepetibles, sino en sus virtudes de criatura humana que tuvo una vida humilde y modesta, como la nuestra, perfectamente imitable. Nos consagramos a María para pertenecer a Dios a través de Ella, con el compromiso de imitarla en su actitud de apertura a Dios, de atenta escucha de su palabra, guardada, meditada en el corazón y vivida. Busquemos vivir su disponibilidad y disposición a hacer siempre y en todo la voluntad de Dios, repitiendo con el corazón: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).

Nos consagramos al Corazón de María con la generosidad y el fervor en la acogida de sus invitaciones maternales repetidas a lo largo de los siglos y especialmente en las apariciones de estos últimos tiempos en Medjugorje. Confiemos a Ella nuestra vida, pongámonos en sus manos y en su Corazón, dejémonos guiar aquí en la tierra para que cada paso nos ponga el cielo más cercano. Amemos a Dios con Su Corazón y viviremos eternamente la alegría que ella nos promete.

ORACIÓN DE CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARIA

Oh Corazón Inmaculado de María, lleno de bondad, muéstranos tu amor por nosotros. Haz que la llama de tu Corazón, oh María, descienda sobre todos los hombres. Nosotros te amamos inmensamente. Imprime el amor verdadero en nuestros corazones. Haz que nuestros corazones tengan un deseo continuo de Ti. Oh María, dulce y humilde de corazón. Acuérdate de nosotros cuando estemos en pecado. Tú sabes que todos los hombres pecan. Por medio de tu Corazón Inmaculado y materno, haz que seamos sanados de toda enfermedad espiritual. Haznos capaces de contemplar la bondad de tu Corazón maternal, a fin de que podamos convertirnos por la llama de tu Corazón. Amén. (Dictada por la Virgen a Jelena Vasilj el 28 de noviembre de 1983)

Fuente: Medjugorje Altervista

Traducción del italiano a cargo del equipo de Virgen de Medjugorje

Adoración al Santísimo en Medjugorje

Compartimos el vídeo completo de la Adoración al Santísimo realizada en Medjugorje el día jueves 19 de octubre de 2017. La Adoración fue dirigida por Fra. Perica Ostojić.

ROSAS PARA LA GOSPA

“Muchas almas van al infierno, porque no se reza y no se sacrifican por ellos”

P. Livio: Marija, hay una frase que es muy especial. Ahora estamos en el centenario de las apariciones de Fátima que termina en octubre, cuando tuvo lugar la última aparición. En uno de sus mensajes decía: “Muchas almas van al infierno, porque no se reza y no se sacrifican por ellos”. Aquí la Virgen dice una frase casi idéntica. Dice: “Muchas almas están en pecado, porque no hay quienes se sacrifiquen y oren por su conversión”. Este mensaje es muy parecido al que dijo la Virgen en Fátima cuando habló del infierno.

Marija: Es verdad, yo también he pensado lo mismo apenas he escuchado el mensaje. Con estas palabras, la Virgen está uniéndose al mensaje de Fátima, como diciendo que lo que empezó en Fátima, lo está continuando ahora en Medjugorje. Me gustaría testimoniar en este momento, que muchas almas, muchos peregrinos que han venido aquí a Medjugorje en los primeros años, han abandonado el pecado y han empezado una vida de conversión, una vida de santidad. Aquí, siempre se reza mucho, pero en los primeros años se hacía muchísimo más, no se sabía si era de día o de noche porque se rezaba continuamente. Se subía a las colinas, había los grupos de oración, en la parroquia… se veían muchísimos más pecadores que se convertían. También hoy muchos pecadores que vienen a Medjugorje cambian de vida, pero yo creo que depende también de nosotros. Por esto debemos rezar más para lograr su conversión. La Virgen escucha siempre nuestras oraciones porque está siempre con nosotros y ruega por nosotros.

P. Livio: Marija, es muy bonito esto que has dicho. Debemos ser conscientes de que las conversiones son obra del Espíritu Santo, son milagros de la Gracia, pero son también fruto de nuestras oraciones y con ellas podemos ayudar a Jesús y María a salvar slmas con nuestros pequeños sacrificios y con las oraciones cuotidianas.

Marija: Sí padre Livio, por el Amor del Cielo, es exactamente así. Nosotros no podemos salvar a nadie, pero sí dar ese pequeño empujón animando a que vayan a confesarse. Yo me acuerdo que cada año durante el Festival de la Juventud llegan muchos jóvenes que quisieran confesarse, hacer una buena confesión. Durante mucho tiempo, lo que yo he hecho ha sido hacer fotocopias de las instrucciones para confesarse bien. Muchos jóvenes desean hacer una buena confesión, pero no saben cómo. Así muchas veces, dándoles un papel con las instrucciones para un buen examen de conciencia, les damos el pequeño empujón que necesitan.

Fragmento de la entrevista del P. Livio a Marija el 25 de septiembre de 2017

La imagen de San Leopoldo Mandic en los confesionarios de Medjugorje

Muchos peregrinos en Medjugorje se preguntan por la imagen de un santo capuchino que se encuentra junto a los confesionarios de la parroquia. Se trata de San Leopoldo Mandic.

Este santo montenegrino de la primera mitad del siglo XX fue canonizado por Juan Pablo II en 1983. Quería ser misionero y consagrar su vida al ecumenismo con las iglesias ortodoxas. Ingresó en los frailes capuchinos en Udine, Italia. Sin embargo, debido a su frágil condición física, no le permitieron ser misionero. Las hambrunas durante su niñez le habían dejado secuelas y es por eso que tenía muy baja estatura. Durante cuarenta años vivió en una celdilla adosada a la iglesia de su convento en Padua, Italia. Tras celebrar la Misa, siempre en el altar de la Virgen, se sentaba en esa misma celdilla y permanecía todo el día a disposición de los penitentes para la confesión. Todos los días ponía flores frescas en la imagen de la Virgen María que tenía en su celda-confesionario.

Uno de los párrocos que ha tenido Medjugorje, fray Ivan Landek, decidió poner una imagen del santo en la zona de los confesionarios a propuesta de un grupo de peregrinos italianos.

Este santo que consagró su vida sacerdotal al sacramento de la Confesión nos recuerda la importancia de esta piedra de Medjugorje que la Reina de la Paz nos invita a vivir en sus mensajes.

Fuente: Reina de la Paz TV

Hacía maratones, recorrió el mundo y era adicta a la dieta: hoy es feliz tras las rejas del convento

Santa Faustina Kowalska, Medjugorje y varios sacerdotes la guiaron hacia su vocación

No quería ser monja, tuvo novios y dio vueltas por el mundo hasta que vio que su felicidad estaría en el convento

Marie Elizabeth pasa ahora su vida en un tranquilo convento de clarisas de Minnesota en una vida contemplativa de oración pero no siempre fue así.

Antes corrió numerosos maratones y recorrió el mundo como especialista médico pero Dios hizo una historia con ella en la que acabó abrazando la vida religiosa, no sin una gran lucha interior por su parte.

En su testimonio que relata en Cloistered Lifeesta monja cuenta que ella creía estar muy contenta con su vida. Aparentemente lo tenía todo, un buen trabajo, hobbies, muchos amigos, dinero, podía viajar…

Corredora de maratones y adicta al deporte
Durante ocho años trabajó como fisioterapeuta en Minnesota. “Me encantaba correr, de hecho era un dios para mí. Cuando no estaba trabajando corría. No me costaba trabajo levantarme a las 3.00 de la mañana para correr 18 millas [29 km] antes de ir a trabajar.  El maratón (algo más de 42 kilómetros) era mi distancia y corrí ocho de ellos en cinco años.

Aunque se había criado en una familia católica su estilo de vida le llevó a “abandonar la fe” y a estar en un “punto muerto espiritual”. Además, después de la universidad se obsesionó con su aspecto físico, se autoconvenció de que estaba demasiado gorda y que necesitaba hacer aún más ejercicio.

Correr y controlar su alimentación y las calorías hasta el extremo más obsesivo por lo que no era consciente del daño que se estaba haciendo a sí misma. Una hemorragia interna, una fractura de la pelvis por estrés y el asma. Esto le provocó y echaba la culpa a Dios de sus problemas de salud.

A Guatemala a una misión médica
La hermana Marie Elizabeth afirmaba que en ese momento tenía inclinación a lo que ella llamaba una “misión laica” y le surgió la posibilidad de unirse a un grupo de médicos que realizaban labores humanitarias en Guatemala.

El problema que había generado en su cuerpo
“Lo que descubrí allí se convirtió en un punto de inflexión en mi vida. Sabía que el pueblo de Guatemala era muy pobre, lo que no me esperaba era su alegría contagiosa. ¿Cómo podían ser tan felices? Pronto se me hizo evidente dónde estaba la respuesta. Habían encontrado toda su alegría en una fe profundamente arraigada. Esto me golpeó muy fuerte”.

Pero allí además empezó a abrir los ojos en otro sentido pues otro voluntario que estaba en este viaje le mostró la obsesión que tenía con el ejercicio y su cuerpo. “Entonces me di cuenta de que no podía continuar por ese camino porque me iba a autodestruir”, confesaba.

Preservar su virginidad
Así fue como poco a poco fue volviendo de nuevo a la fe católica en la que había sido criada y descubrió a la Virgen María, que fue clave en un momento concreto de su vida. “Yo tenía un novio en ese momento que no compartía mi reticencia hacia las relaciones antes del matrimonio. En dos momentos concretos, María vino a mi rescate y preservó mi virginidad”, recordaba.

Finalmente dejó la relación con su novio y aunque sabía que era lo mejor para ella quedó completamente devastada. Eso le hizo refugiarse más en Dios. Empezó a ir a misa todos los días y hacer adoración ante el Santísimo.

En ese momento decidió hablar con un sacerdote para explicarle su relación con la Virgen. Él le preguntó si el Señor podría estar llamándola a una vida de virginidad. “Yo reaccioné con impulso y mucho énfasis, ‘NO’. Pero su respuesta fue amable pero inquietante para mí: ‘yo tampoco quería ser sacerdote al principio pero si es la voluntad de Dios, Él cambiará tu corazón”.

Medjugorje aparece en su vida
Su proceso de vocación avanzaba sin que ella se diera cuenta. “Mi tío había despertado en mí interés por un lugar llamado Medjugorje”, contaba esta religiosa. Así que finalmente acabó yendo de peregrinación a este lugar, donde le ocurrió algo extraordinario. “Con un sacerdote santo hice la más impresionante confesión de mi vida. Después de decirle mis pecados, me hizo agarrar un crucifijo con él y recitar una oración.

Marie Elizabeth afirmaba que “sentí algo muy poderosos dentro de mí” y salió del confesionario “sabiendo que era una persona diferente. Al día siguiente en misa, todo estaba ya muy claro para mí. ¡No estaba muerta, sino viva!”.

Regresó a su casa y se involucró en distintos grupos católicos. En un viaje de esquí vivió otro momento clave de su vocación: empezó a leer a Santa Faustina Kowalska y no podía dejar de leer ni de llorar.  Ahí comenzó a plantearse la vida religiosa.

El punto de inflexión
Tres semanas después llegó “el día que quedará impreso en mi memoria para siempre”. Aquel día pidió a Dios que el sacerdote que oyera su confesión ese día le ayudara a conocer cuál era la voluntad de Dios para ella.

“Después de confesar mis pecados le dije al sacerdote que pensaba que me estaba volviendo loca porque no podía sentir a Dios lo suficiente y sólo sentía paz durante la misa, en la Adoración o rezando el Rosario”, contaba la ahora religiosa.

“Pensaba que Dios debía estar loco”
El sacerdote le dijo tranquilamente que necesitaba “tener una cita con Jesús” y le invitó a que le acompañara a visitar a las clarisas de Sauk Rapids donde en el pasado él había sido capellán.

Cuatro días después estaba con el sacerdote en este convento donde se reunieron con la madre abadesa. Ella les contó su experiencia durante cincuenta años como monja de clausura. “Yo pensaba que Dios debía estar loco por pensar en una vida así para mí, que amaba viajar y estar fuera de casa”.

Sin embargo, Marie Elizabeth confesó que “el Señor es un Dios de sorpresas” y menos de seis meses después ya estaba como postulante en el convento. Ahora lleva años como monja y no echa de menos su vida alocada: “Cada día es una aventura y Él siempre me desafía y me lleva más allá de lo que creo que son mis límites”.

“A los ojos del mundo, mi vida se considera un desperdicio, pero ahora tengo a Dios, estoy muy satisfecha. Él me ha llamado no a la maternidad física sino a la espiritual”.

Fuente: www.religionenlibertad.com