La Conversión: Tercer Día de la Novena – 18 de junio

Invocación al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo,

y envía desde el cielo un

rayo de tu luz.

Ven, Padre de los pobres,

ven, dador de los dones,

ven, luz de los corazones.

Consolador magnífico,

dulce huésped del alma,

suave alivio.

Descanso en la fatiga,

brisa en el ardiente estío,

consuelo en el llanto.

¡Oh, luz santísima,

llena lo más íntimo

de los corazones de tus fieles!

Sin tu ayuda

nada hay en el hombre,

nada que sea bueno.

Lava lo que está sucio,

riega lo que está seco,

sana lo que está enfermo.

Doblega lo que está rígido,

calienta lo que está frío,

endereza lo que está desviado.

Concede a tus fieles

que en Ti confían,

Tus sagrados dones.

Dales el premio de la virtud,

dales el puerto de la salvación,

dales la felicidad eterna.

Amén. Aleluya, Aleluya.

V. Envía Tu Espíritu Señor y será Una nueva creación.

R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oremos

Oh Dios, que has instruido los corazones de tus fieles con la luz de tu Espíritu Santo, concédenos por este mismo Espíritu, gozar siempre de su consuelo. Por Cristo Nuestro Señor. Amén

TERCER DIA (18)

LA CONVERSIÓN

La Virgen ha dicho que el mensaje más importante que trae a la humanidad es la conversión. Todo lo demás se resume a ello. Y la conversión era el centro de la predicación de Jesús: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en la Buena Nueva” Mc 1,15. María nos quiere introducir, entonces, en el Reino de su Hijo, y quiere que éste llegue a todos por la conversión. Si el corazón del hombre no cambia, no abandona el pecado y vuelve a Dios, difícilmente se podrá salvar. Todos, para María, estamos igualmente urgidos a la conversión. Ha dicho: “hay muchos creyentes que viven como verdaderos paganos; su nombre sólo aparece en los archivos parroquiales y no viven de acuerdo al cristianismo”. Para convertirse “hay que empezar a orar y tener una firme voluntad”. Exhorta: “Conviértanse antes de que sea demasiado tarde, entreguen sus corazones a Dios”. “Ustedes no saben lo que Dios enviará al mundo si no se convierten”. “Este tiempo mientras estoy con ustedes es el periodo de gracia y conversión.”

Tengamos presente, que la conversión es un proceso que abarca toda la vida y todas las dimensiones del ser humano. El hombre sólo terminará de convertirse cuando Dios lo llame a su presencia. La vida cristiana es toda conversión; conversión frente a las huestes del maligno, el mundo y la carne. Quien salga victorioso de la batalla “heredará la corona que no se marchita”.

1 Cor 9,25. María está con nosotros para ayudamos a cambiar de vida. Si desaprovechamos esta extraordinaria gracia, podríamos salir perjudicados. Ella quiere que su Hijo triunfe en medio de las tinieblas y de tantos desaciertos de la humanidad. Los tiempos presentes urgen una verdadera renovación de la fe que comienza con la conversión del corazón.

¿Qué pasos se deben dar para vivir continuamente la conversión? Primero: el reconocimiento del pecado. Quien no reconoce el pecado no podrá convenirse. Muchos piensan que están bien con Dios, y sin embargo, viven en pecado. En realidad, la conversión es una gracia: reconocer y pedir perdón por las faltas que a diario se cometen. El segundo: el arrepentimiento con el dolor por   haber ofendido a Dios y al prójimo. El tercero: la reconciliación con Dios, particularmente por medio del sacramento de la Confesión. El cuarto: la satisfacción. Muchos pecados causan daño al prójimo, y es preciso, hacer lo posible para repararlos; pero además, el pecado hiere y debilita al pecador mismo, así como sus relaciones con Dios y con el prójimo. Enseña el Catecismo de la Iglesia Católica que: “la absolución quita el pecado, pero no remedia todos los desórdenes que el pecado causó. Liberado del pecado, el pecador debe todavía recobrar la plena salud espiritual. Por tanto, debe hacer algo más para reparar sus pecados: debe “satisfacer” de manera apropiada o “expiar sus pecados”. CIC 1459.

Recordemos las palabras de la Madre: “¡Queridos hijos! Hoy los invito a la conversión: Este es el mensaje más importante que yo les doy aquí. Hijitos, deseo que cada uno de ustedes sea portador de mis mensajes. Los invito, hijitos, a vivir los mensajes que les he dado durante todos estos años. Este tiempo es tiempo de gracia, especialmente ahora que la Iglesia los invita a la oración y a la conversión. También yo los invito, hijitos, a vivir los mensajes que les he dado en todo el tiempo que aparezco aquí. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!” 25-2-96.

PRECES

Oremos al Señor, que en María ha empezado el buen trabajo de la santificación de los hombres, y pidámosle que lo haga progresar hasta el día de la manifestación de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor:

  1. Para que el Señor, que quiso prefigurar y culminar en María la plenitud de la gracia, conceda a todos los miembros de la Iglesia ser reflejo de la hermosura inmaculada de la Madre de Jesucristo. Roguemos al Señor.
  1. Para que el Espíritu Santo, que engendró en las entrañas de María al Verbo eterno del Padre, impregne al mundo con su fuerza y haga nacer en todos los hombres un vivo deseo de la venida del Reino de Dios. Roguemos al Señor.
  1. Para que quienes se han alejado del camino del bien, con la intercesión de María, refugio de pecadores, se conviertan de sus malos pasos y obtengan el perdón de sus culpas. Roguemos al Señor
  1. Para que todos nosotros, fija nuestra mirada en María, nos preparemos como Elia a recibir a Jesucristo y nos dispongamos a dar testimonio de fe y de amor. Roguemos al Señor.

Oración

Señor Dios nuestro, que has hecho resplandecer la aurora de la salvación en la Concepción Inmaculada de Santa María Virgen, escucha nuestra oración y haz fecunda la acción santificadora de la Iglesia, para que todos los hombres, una vez alcanzado el perdón de sus pecados, sean regenerados en tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

El Magníficat

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Lc 1:46-55.

(Gloria al Padre)

Consagración al Corazón Inmaculado de María

Oh, Corazón Inmaculado de María, lleno de bondad, muéstranos tu amor. Que la llama de tu Corazón, María, descienda sobre todos los hombres. Nosotros te amamos inmensamente. Imprime en nuestro corazón el verdadero amor, así tendremos un deseo continuo por Ti. Oh María, dulce y humilde de Corazón, acuérdate de nosotros cuando caemos en pecado, Tú sabes que todos los hombres pecan. Concédenos por medio de tu Corazón Inmaculado, ser curados de toda enfermedad espiritual. Haz que siempre podamos contemplar la bondad de tu Corazón maternal y por medio de la llama de tu Corazón haz que nos convirtamos. Amén.

Instrumento de Paz

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz: Donde haya odio, lleve yo tu amor, donde haya ofensa, lleve yo el perdón; donde haya discordia, lleve yo la unión; donde haya error lleve yo la verdad; donde haya duda, lleve yo la fe; donde haya desesperación, lleve yo la esperanza; donde haya tinieblas, lleve yo la luz; donde haya tristeza, lleve yo la alegría.

Oh Maestro, haz que yo no busque: Ser consolado, sino consolar; ser comprendido, sino comprender; ser amado, sino amar. Porque, dando, se recibe, perdonando, se es perdonado; muriendo, se resucita a la vida eterna. Amén.

Invocaciones a María Reina de la Paz (Para todos los días)

María Santísima, que al recibir el anuncio del Ángel Gabriel concebiste en tu seno virginal a Jesucristo “Rey de la Paz”, concédenos bajo tu protección y auxilio, ser en el mundo auténticos instrumentos de paz:

Para que la paz reine en el corazón de todos los hombres, especialmente, en quienes procuran la violencia,

R/. María Reina de la Paz, Ruega por nosotros.

Para que la paz reine en todos aquellos que no han experimentado en sus vidas el amor de Dios, R/

Para que la paz reine en todas las familias, R/

Para que la paz reine siempre en la Iglesia de Cristo y se empeñe en difundirla, R/

Para que la paz reine en las parroquias y comunidades cristianas, R/

Para que la paz reine en nuestros planteles educativos y lugares de trabajo, R/

Para que la paz reine siempre en nuestro país, R/

Para que la paz reine en todo el universo. R/

Oración

Concédenos, Señor, a tu hijos el don de tu gracia, para que cuantos hemos recibido las primicias de la salvación por la poderosa intercesión de la Virgen María, consigamos aumentar tu paz en nuestros corazones, nuestras familias y en el mundo entero. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

© Children of Medjugorje – 14 de junio de 2018

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Sor Emmanuel

La Fe: Segundo Día de la Novena – 17 de junio

Invocación al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo,

y envía desde el cielo un

rayo de tu luz.

Ven, Padre de los pobres,

ven, dador de los dones,

ven, luz de los corazones.

Consolador magnífico,

dulce huésped del alma,

suave alivio.

Descanso en la fatiga,

brisa en el ardiente estío,

consuelo en el llanto.

¡Oh, luz santísima,

llena lo más íntimo

de los corazones de tus fieles!

Sin tu ayuda

nada hay en el hombre,

nada que sea bueno.

Lava lo que está sucio,

riega lo que está seco,

sana lo que está enfermo.

Doblega lo que está rígido,

calienta lo que está frío,

endereza lo que está desviado.

Concede a tus fieles

que en Ti confían,

Tus sagrados dones.

Dales el premio de la virtud,

dales el puerto de la salvación,

dales la felicidad eterna.

Amén. Aleluya, Aleluya.

V. Envía Tu Espíritu Señor y será Una nueva creación.

R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oremos

Oh Dios, que has instruido los corazones de tus fieles con la luz de tu Espíritu Santo, concédenos por este mismo Espíritu, gozar siempre de su consuelo. Por Cristo Nuestro Señor. Amén

SEGUNDO DIA (17)

LA FE

Cuando la Virgen habló por primera vez sobre la paz, mencionó que para lograrla: “era necesario tener fe”. Y la fe también ocupa un puesto relevante en la predicación de Jesús. En cierta ocasión el Señor dijo: “Tengan fe en Dios, Yo les aseguro que quien diga a este monte:” “Quítate y arrójate al mar y no vacila en su corazón, sino que crea que va a suceder lo que dice, lo obtendrá. Por eso les digo: todo cuanto pidan en la oración, crean que ya lo han recibido y lo obtendrán” Mc 11,22-24. La fe es la virtud teologal por medio de la cual el hombre se adhiere personalmente a Dios; y al mismo tiempo, e inseparablemente, el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado. Es un don sobrenatural de Dios y un acto humano, consciente y libre, que corresponde a la dignidad de la persona humana. De la fe, nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica que, “Abraham es el mejor modelo y la Virgen María su realización más perfecta”. CIC 144.

La Virgen con su presencia prolongada en Medjugorie pretende despertar la fe de los creyentes, a fin de obtener la paz y la conversión de los hombres. La Virgen ha dicho, que “para tener una fe firme es necesario dedicar tiempo a la oración y al ayuno.” Ha dicho además, que “no se debe ahondar demasiado en los problemas y en las preocupaciones, porque Dios tiene siempre su mirada en nosotros.” El mundo racionalista y materialista de hoy con sus propias capacidades y tecnologías, parece haber descuidado la fe. La Virgen ha dicho que “el mayor pecado del hombre de hoy consiste en la indiferencia a Dios”. Curiosamente, no ha dicho que es el aborto, la drogadicción, el alcoholismo, o los divorcios… “sino la indiferencia a Dios”. Y era de esperarse, porque la indiferencia a Dios, es la raíz de todos los males que afectan la humanidad. Pero hay que destacar, que el pecado de la indiferencia a Dios no es sólo de los ateos, sino también de muchos creyentes. De aquellos que no ven el sentido de acudir a Misa regularmente, ayunar, leer la Biblia, Adorar a Jesús Sacramentado, comprometerse con la Iglesia… También allí hay una marcada indiferencia a Dios, falta de fe. La Virgen entonces, viene a renovar la vida cristiana. Invita a todos a darle a Dios el primer lugar en sus vidas. De esta manera se comienza a trabajar por la paz.

Ella dice: “¡Queridos hijos!: Escuchen: yo deseo hablarles e invitarles a que tengan más fe y más confianza en Dios que los ama sin medida. Hijitos, ustedes no saben vivir en la gracia de Dios, y por eso los invito de nuevo a llevar la Palabra de Dios en sus corazones y en sus pensamientos. Hijitos, pongan la Biblia en un puesto bien visible en su familia: léanla y vívanla. Instruyan a sus hijos, porque si ustedes no son ejemplo para ellos, se encaminarán hacia el ateísmo. Reflexionen y oren. De esta manera nacerá Dios en su corazón y su corazón estará lleno de alegría. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!” 25-8-96

PRECES

María Santísima es la imagen de lo que el hombre puede llegar a ser cuando se abre a la Palabra de Dios. Por su intercesión, invocamos a Dios nuestro Padre.

  1. Por el pueblo santo de Dios: para que, con María, que cooperó de manera especial a la obra de la redención, sea también testigo de la fe ante el mundo. Roguemos al Señor.
  1. Por nuestros pastores: para que, imitando a la Virgen fiel, procedan y guíen al pueblo en la fidelidad a Cristo y lleven a los pobres la Buena Noticia de la salvación. Roguemos al Señor.
  1. Por todos los que se entregan al servicio de los pobres, de los enfermos y de las personas ancianas: para que, como María en su visita a Isabel, sean imagen de la solicitud de Cristo por los hermanos. Roguemos al Señor.
  1. Por los padres y madres de familia: para que, a ejemplo de María que vivió la experiencia de la vida privada de Jesús en Nazaret, sepan vivir en la realidad cotidiana de la luz y de la fuerza de la fe. Roguemos al Señor.
  1. Por nosotros y por nuestra asamblea: para que invocando a María como Reina de la Paz, recibamos de Ella la perseverancia hacia el día luminoso del encuentro con su Hijo en el Templo de la Gloria. Roguemos al Señor.

Oración

Oh Dios, que has hecho de la Virgen María, Esposa de tu Espíritu, la Colaboradora generosa del Redentor, concédenos también a nosotros adherirnos a Cristo, tu Palabra viviente, para cooperar a la salvación del mundo, Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén

El Magníficat

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Lc 1:46-55.

(Gloria al Padre)

Consagración al Corazón Inmaculado de María

Oh, Corazón Inmaculado de María, lleno de bondad, muéstranos tu amor. Que la llama de tu Corazón, María, descienda sobre todos los hombres. Nosotros te amamos inmensamente. Imprime en nuestro corazón el verdadero amor, así tendremos un deseo continuo por Ti. Oh María, dulce y humilde de Corazón, acuérdate de nosotros cuando caemos en pecado, Tú sabes que todos los hombres pecan. Concédenos por medio de tu Corazón Inmaculado, ser curados de toda enfermedad espiritual. Haz que siempre podamos contemplar la bondad de tu Corazón maternal y por medio de la llama de tu Corazón haz que nos convirtamos. Amén.

Instrumento de Paz

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz: Donde haya odio, lleve yo tu amor, donde haya ofensa, lleve yo el perdón; donde haya discordia, lleve yo la unión; donde haya error lleve yo la verdad; donde haya duda, lleve yo la fe; donde haya desesperación, lleve yo la esperanza; donde haya tinieblas, lleve yo la luz; donde haya tristeza, lleve yo la alegría.

Oh Maestro, haz que yo no busque: Ser consolado, sino consolar; ser comprendido, sino comprender; ser amado, sino amar. Porque, dando, se recibe, perdonando, se es perdonado; muriendo, se resucita a la vida eterna. Amén.

Invocaciones a María Reina de la Paz (Para todos los días)

María Santísima, que al recibir el anuncio del Ángel Gabriel concebiste en tu seno virginal a Jesucristo “Rey de la Paz”, concédenos bajo tu protección y auxilio, ser en el mundo auténticos instrumentos de paz:

Para que la paz reine en el corazón de todos los hombres, especialmente, en quienes procuran la violencia,

R/. María Reina de la Paz, Ruega por nosotros.

Para que la paz reine en todos aquellos que no han experimentado en sus vidas el amor de Dios, R/

Para que la paz reine en todas las familias, R/

Para que la paz reine siempre en la Iglesia de Cristo y se empeñe en difundirla, R/

Para que la paz reine en las parroquias y comunidades cristianas, R/

Para que la paz reine en nuestros planteles educativos y lugares de trabajo, R/

Para que la paz reine siempre en nuestro país, R/

Para que la paz reine en todo el universo. R/

Oración

Concédenos, Señor, a tu hijos el don de tu gracia, para que cuantos hemos recibido las primicias de la salvación por la poderosa intercesión de la Virgen María, consigamos aumentar tu paz en nuestros corazones, nuestras familias y en el mundo entero. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

Mensaje extraordinario dado por la Virgen a Iván el 15 de junio de 2018 en Medjugorje

«También esta noche la Virgen vino alegre y feliz y, al inicio, nos saludó a todos con su saludo maternal: “Alabado sea Jesús, queridos hijos míos”. Después extendió sus manos y oró un tiempo prolongado sobre todos nosotros y los enfermos presentes. Luego la Virgen dijo:

“Queridos hijos, también hoy de modo particular deseo invitarlos a la Eucaristía. ¡Que la Misa sea el centro de sus vidas! En particular, queridos hijos, que la Eucaristía sea el centro de sus familias: la familia debe ir a la Santa Misa y celebrar a Jesús. ¡Jesús debe ser el centro de sus vidas! Por eso, queridos hijos, renueven la oración en familia y encamínense detrás de Jesús. ¡Gracias queridos hijos, también hoy, por haber respondido a mi llamado!”

A continuación, la Virgen nos bendijo a todos con su bendición maternal, y bendijo todo lo que ustedes han traído para que sea bendecido. Después yo los encomendé a todos ustedes, sus necesidades, sus intenciones, sus familias y a todos los enfermos presentes. Luego la Virgen continuó orando un tiempo sobre nosotros y en esta oración se marchó, se marchó en el signo luminoso de la luz y de la cruz con su saludo: “Vayan en paz, queridos hijos míos.”»

La Paz: Primer Día de la Novena – 16 de junio

Invocación al Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo,

y envía desde el cielo un

rayo de tu luz.

Ven, Padre de los pobres,

ven, dador de los dones,

ven, luz de los corazones.

Consolador magnífico,

dulce huésped del alma,

suave alivio.

Descanso en la fatiga,

brisa en el ardiente estío,

consuelo en el llanto.

¡Oh, luz santísima,

llena lo más íntimo

de los corazones de tus fieles!

Sin tu ayuda

nada hay en el hombre,

nada que sea bueno.

Lava lo que está sucio,

riega lo que está seco,

sana lo que está enfermo.

Doblega lo que está rígido,

calienta lo que está frío,

endereza lo que está desviado.

Concede a tus fieles

que en Ti confían,

Tus sagrados dones.

Dales el premio de la virtud,

dales el puerto de la salvación,

dales la felicidad eterna.

Amén. Aleluya, Aleluya.

V. Envía Tu Espíritu Señor y será Una nueva creación.

R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oremos

Oh Dios, que has instruido los corazones de tus fieles con la luz de tu Espíritu Santo, concédenos por este mismo Espíritu, gozar siempre de su consuelo. Por Cristo Nuestro Señor. Amén

PRIMER DIA (16)

LA PAZ

Sabemos, por el Evangelio, como Jesús fue misionero de paz. En su nacimiento los ángeles alabaron a Dios porque la paz había llegado “a los hombres en quienes Dios se complace”. Lc 2, 14.

Más adelante, cuando comenzó a predicar proclamó: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios”. Mt 5,9.   Y cuando envió a misionar a sus discípulos les dió instrucciones precisas para invocar la paz en las familias: “En la casa en que entren, digan primero: “Paz a esta casa.” Y si hubiere allí un hijo de paz, su paz reposará sobre él; sí no, se volverá o ustedes. Lc 10,5-6. También en el contexto de la Ultima Cena mientras se despedía de los Apóstoles volvió sobre el tema de la paz: “Les dejo la paz, mi paz les doy; no se las doy como la da el mundo. No se turbe su corazón, ni se acobarde” Jn 14, 27. Días después, la tarde de la Resurrección volvió a insistir: “La paz sea con ustedes. Como el Padre me envió también yo los envío. A quienes les perdonen los pecados les quedan perdonados y a quienes se los retengan les quedan retenidos”. Jn 20,20-23.Vemos entonces, cómo la paz era importante para Jesús y cómo delegaba su difusión a sus discípulos. También nosotros hoy, somos responsables de la paz. La paz no depende de los políticos ni de las negociaciones, sino de nuestra propia conversión a Dios. Es el mensaje que la Virgen hoy nos presenta.

Cuando la Madre de Dios habló por primera vez sobre la paz, sus lágrimas corrieron por sus mejillas, deslizándose por el vestido hasta el suelo. Alguien ha llamado, con justa razón, a la Colina de las Apariciones: la colina de las lágrimas de María. Aquel día mencionó que venía “por la paz” y que “la paz debía reinar entre Dios y los hombres y los hombres entre sí.” ¿De qué paz hablaba la Virgen? De la paz que es fruto de la redención. Fruto del misterio pascual de su Hijo. Por esa razón, aquel día la Virgen apareció frente a una gran cruz negra; para hacernos entender que la única paz posible para la humanidad es la que ya nos otorgó su Hijo por medio de su pascua. En los mensajes de la “Gospa” sobre la paz, es claro, que para que la paz reine en el mundo, primero debe comenzar a reinar en cada corazón y en las familias. Sólo de esta forma, el hombre podrá interceder eficazmente por la paz. Ha dicho que “cuando se ora por la Paz y el corazón no está en paz con Dios y con el prójimo, esa oración no vale tanto.” María es Reina de la Paz, porque nos la ofrece primero al corazón y a nuestras familias. Con su paz, que es la paz de Jesús, podremos interceder entonces por los demás.

“¡Queridos hijos!: Hoy los invito a decidirse por la paz. Oren para que Dios les dé la verdadera paz. Vivan la paz en sus corazones y comprenderán, queridos hijos, que la paz es un don de Dios. Queridos hijos, sin amor no pueden vivir la paz. El fruto de la paz es el amor y el fruto del amor el perdón. Yo estoy con ustedes y los invito a todos, hijitos, para que el primer paso que den, sea perdonar a los de su propia familia. De esta manera, tendrán la capacidad de perdonar a los demás. ¡Gracias por haber respondido a mí llamado!” 25-1-96

PRECES

En la Virgen María, Reina de la Paz, Dios Padre nos muestra su amor. Por su intercesión, elevemos nuestras súplicas por nuestras necesidades y las de todo el mundo.

  1. Por la Iglesia, extendida por todo el universo: para que acoja en sí misma, como la Virgen María, la Palabra de salvación y engendre la vida nueva a los que Dios ha llamado. Roguemos al Señor.
  1. Por la paz y la justicia en la comunidad humana: para que sean derribados los proyectos de los soberbios, enaltecidos los humildes y colmados de bienes los pobres. Roguemos al Señor.
  1. Por todos los creyentes en Cristo: para que María los sostenga, como en la Iglesia naciente, y lleguen a formar un solo corazón, Roguemos al Señor.
  1. Por los consagrados al servicio del Reino de Dios: para que vivan su llamada con la misma generosidad con que María se ofreció a su Señor. Roguemos al Señor.
  1. Por nosotros: para que creamos sin reservas en el cumplimiento de la Palabra de Dios y progresemos en el camino de la fe. Roguemos al Señor.

ORACIÓN

Dios omnipotente que has hecho grandes cosas en Aquella que todas las generaciones llaman dichosa, renueva, por su intercesión, en nosotros las maravillas de tu Espíritu para que podamos bendecir tu Nombre eternamente. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


El Magníficat

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Lc 1:46-55.

(Gloria al Padre)

Consagración al Corazón Inmaculado de María

Oh, Corazón Inmaculado de María, lleno de bondad, muéstranos tu amor. Que la llama de tu Corazón, María, descienda sobre todos los hombres. Nosotros te amamos inmensamente. Imprime en nuestro corazón el verdadero amor, así tendremos un deseo continuo por Ti. Oh María, dulce y humilde de Corazón, acuérdate de nosotros cuando caemos en pecado, Tú sabes que todos los hombres pecan. Concédenos por medio de tu Corazón Inmaculado, ser curados de toda enfermedad espiritual. Haz que siempre podamos contemplar la bondad de tu Corazón maternal y por medio de la llama de tu Corazón haz que nos convirtamos. Amén.

Instrumento de Paz

Señor, haz de mí un instrumento de tu paz: Donde haya odio, lleve yo tu amor, donde haya ofensa, lleve yo el perdón; donde haya discordia, lleve yo la unión; donde haya error lleve yo la verdad; donde haya duda, lleve yo la fe; donde haya desesperación, lleve yo la esperanza; donde haya tinieblas, lleve yo la luz; donde haya tristeza, lleve yo la alegría.

Oh Maestro, haz que yo no busque: Ser consolado, sino consolar; ser comprendido, sino comprender; ser amado, sino amar. Porque, dando, se recibe, perdonando, se es perdonado; muriendo, se resucita a la vida eterna. Amén.

Invocaciones a María Reina de la Paz (Para todos los días)

María Santísima, que al recibir el anuncio del Ángel Gabriel concebiste en tu seno virginal a Jesucristo “Rey de la Paz”, concédenos bajo tu protección y auxilio, ser en el mundo auténticos instrumentos de paz:

Para que la paz reine en el corazón de todos los hombres, especialmente, en quienes procuran la violencia,

R/. María Reina de la Paz, Ruega por nosotros.

Para que la paz reine en todos aquellos que no han experimentado en sus vidas el amor de Dios, R/

Para que la paz reine en todas las familias, R/

Para que la paz reine siempre en la Iglesia de Cristo y se empeñe en difundirla, R/

Para que la paz reine en las parroquias y comunidades cristianas, R/

Para que la paz reine en nuestros planteles educativos y lugares de trabajo, R/

Para que la paz reine siempre en nuestro país, R/

Para que la paz reine en todo el universo. R/

Oración

Concédenos, Señor, a tu hijos el don de tu gracia, para que cuantos hemos recibido las primicias de la salvación por la poderosa intercesión de la Virgen María, consigamos aumentar tu paz en nuestros corazones, nuestras familias y en el mundo entero. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

Las “florecillas” de María y Sus rosas de amor

En el último Mensaje, la Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, Nuestra queridísima Gospa, nos decía: “Yo estoy en medio de ustedes y les hablo de pequeñas y grandes cosas. No me cansaré nunca de hablarles de mi Hijo, amor verdadero” (2/1/2018).

El centro de Sus Mensajes (“las grandes cosas”) se refieren siempre a Su “Hijo, amor verdadero” y a cuanto Su Hijo nos enseñó (“las palabras de mi Hijo, el Evangelio”). De ahí Su insistencia, Su llamado a la conversión y a la fe; a poner a Dios en el primer lugar y centro de nuestras vidas; a la oración continúa “con el corazón”; a la vida sacramental (sobre todo a la confesión frecuente y a la Misa y Adoración Eucarística); a la penitencia, al ayuno y los pequeños sacrificios por amor; a la lectura y vivencia de la Escritura; a consagrarnos a Sus Sagrados Corazones; …

Pero, en Sus Mensajes, a veces, nos habla también Nuestra Mamá de “pequeñas cosas” a modo de florecillas que, viniendo de Ella, nunca son verdaderamente “pequeñas” y, mucho menos, sin importancia. Nuestro deseo de conocerla cada día más y mejor nos lleva a agradecerle esas “pequeñas” intimidades de la vida oculta de Jesús (sobre todo de su infancia) que Ella guardaba y meditaba en Su Corazón y que, últimamente, nos cuenta, a la espera de poder leer, un día, cuando le autorice publicarlo, el libro de Su vida que le dictó a Vicka.

Son como pequeñas y hermosas florecillas. Así, por ejemplo, cuando nos contó:

“Mi Hijo, de pequeño, me decía a menudo que muchos me habrían amado y llamado Madre. Yo, aquí en medio de ustedes, siento amor y les doy las gracias” (2/8/2016).

“Hijos míos, no se esfuercen en comprender todo de una vez, porque tampoco yo comprendía todo, sin embargo, he amado y he creído en las palabras divinas que mi Hijo decía” (2/10/2016).

“También yo, mientras vivía en el tiempo terreno, me alegraba, sufría y soportaba con paciencia los dolores, hasta que mi Hijo, en toda su gloria, los suprimió” (18/3/2017).

De igual modo, nos ha dicho que le agrada que también nosotros le regalemos nuestras florecillas. Incluso cuáles son sus preferidas: “esas rosas que tanto amo” (2/12/2017).

¿Quién no ha cantado, especialmente en Mayo (el mes de las flores, pero, sobre todo, el mes de María) el “Venid y vamos todos con flores a porfía,/ con flores a María, que Madre nuestra es/ con flores a María, que Madre nuestra es”?

Entre las flores, es universalmente reconocida como la más preciosa y exquisita, la favorita y reina de todas ellas, la rosa. Los rosales, de variados colores y fragancias, florecen continuamente durante todo el año. Además, las rosas son símbolos antiguos del amor y de la belleza, y se utiliza a menudo como símbolo de la Virgen María, a la que cariñosamente llamamos “Rosa mística”.

De esta suerte, podemos ir todos los días del año, cada día, con rosas a María, con rosas a porfía. Rosas físicas que, con amor, le ofrecemos ante Sus Imágenes y Altares, en preciosos ramos, y rosas místicas que son las que Ella más ama, desea y espera de nosotros:

“De ustedes, apóstoles míos, busco las rosas de su oración, que deben ser obras de amor; estas son para mi Corazón maternal las oraciones más queridas, y yo se las presento a mi Hijo (…) Por eso, apóstoles míos, ámense siempre los unos a los otros, pero, sobre todo, amen a mi Hijo: este es el único camino hacia la salvación y hacia la vida eterna. Esta es mi oración más querida que, con el perfume más hermoso de rosas, llena mi Corazón” (2/1/2017).

El mes siguiente, insistía:

“Oren con el corazón y muestren con las obras el amor de mi Hijo. Esta es la única esperanza para ustedes, este es el único camino hacia la vida eterna. Yo, como Madre, estoy aquí con ustedes. Sus oraciones dirigidas a mí son para mí las más bellas rosas de amor. No puedo no estar allí donde siento el perfume de rosas” (2/2/2017).

Y, como la rosa es la reina de las flores, así el Rosario lo es de las oraciones: contemplado, meditado, vivido. Si cada Avemaría es una rosa que con amor ofrecemos a Nuestra Madre, cuando las enlazamos a modo de preciosa letanía, mientras desgranamos las cuentas y meditamos los misterios de la vida de Jesús y de María, constituyen una preciosa corona de rosas. En el Mensaje del día 2 de diciembre de 2017, nos decía: “A mí, hijos míos, regálenme el Rosario, esas rosas que tanto amo. Mis rosas son sus oraciones dichas con el corazón y no solo recitadas con los labios. Mis rosas son sus obras de oración, de fe y de amor. Cuando mi Hijo era pequeño, me decía que mis hijos serían numerosos y me traerían muchas rosas. Yo no lo comprendía. Ahora sé que esos hijos son ustedes, que me traen rosas cuando aman a mi Hijo sobre todas las cosas, cuando oran con el corazón, cuando ayudan a los más pobres. ¡Esas son mis rosas!”.

Me consuela pensar que, cuando el Niño Jesús, le aseguraba a Su Madre una estirpe numerosa, que tendría muchos hijos que la amarían y que le ofrecerían rosas de amor, pensaba en cada uno de nosotros.

¿Cómo vamos a negarle a la Madre de Dios el regalo que nos pide, esas rosas que tanto ama: su Santísimo Rosario, rezado completo y con amor (con el corazón) cada día, todos los días?

“El rosario es para mí, hijitos, algo especialmente querido. Mediante el rosario abran su corazón y así los puedo ayudar” (25/8/1997).

Ella nos asegura también: “Con el Rosario, ustedes vencerán todos los obstáculos que Satanás quiere poner en estos tiempos a la Iglesia Católica” (25/6/1985). Con el Rosario en la mano, el amor filial a María en el corazón y la salutación angélica en los labios, somos realmente invencibles. ¿Quieres ver milagros en tu vida? ¿Quieres que tu vida sea un puro milagro? Reza el Rosario, porque “el Rosario por sí solo puede hacer milagros en el mundo y en sus vidas” (25/1/1991).

Entonces, el Rosario nos irá enseñando y convirtiendo nuestro corazón al amor: amor a Jesús sobre todas las cosas y amor a nuestros hermanos, especialmente los más necesitados, los más pobres en los que Él desea ser reconocido, amado y servido. Entonces, estaremos seguros de ofrecerle a María las rosas que más ama, que desea recibir, que espera de nosotros. Seguros de que “¡esas son Sus rosas de amor!”.

Fuente: www.centromedjugorje.org

Fr. Marinko comunica el nombramiento del Visitador Apostólico para la Parroquia de Medjugorje

El Papa Francisco hoy, en la Fiesta de Corpus Christi, ha publicado la siguiente declaración:

Nombramiento del Visitador Apostólico con carácter especial para la Parroquia de Medjugorje.

Este 31 de mayo 1018, el Santo Padre Francisco ha nombrado a S.E. Mons. Henryk Hoser, S.A.C., Arzobispo-Obispo emérito de Varsavia-Praga (Polonia), Visitador Apostólico de carácter especial para la parroquia de Medjugorje a tiempo indeterminado y ad nutum Sanctae Sedis. Así lo informa en un comunicado la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

Se trata de un encargo exclusivamente pastoral en continuidad con la misión de Enviado Especial de la Santa Sede para la parroquia de Medjugorje, confiada a Mons. Hoser, el 11 de febrero 2017 y por él concluida en los meses pasados.

La misión del Visitador Apostólico – afirma el comunicado  – tiene como fin asegurar un acompañamiento estable y continuo de la comunidad parroquial de Medjugorje y de los fieles que se dirigen en peregrinación, cuyas exigencias requieren una peculiar atención.

Deseamos con todo el corazón agradecer a nuestro Papa Francisco por esta buenísima noticia, deseamos decir gracias. Gracias al Señor, Gracias a la Reina de la Paz, gracias a vosotros queridos amigos de la Reina de la Paz, yo siento ahora cuán de grandes son vuestros corazones llenos de alegría, lo siento con gran alegría, con gran respeto y, con gran respeto esperamos ahora al Visitador Apostólico con autoridad especial, al arzobispo Henryk Hoser, con alegría lo esperamos.

Y nosotros, queridos hermanos y hermanos, ahora aún más, con más entusiasmo, con corazón, tratemos, intentemos vivir aquello que nuestra Madre nos dice para que nosotros podamos realmente ser sus manos extendidas para la paz en el mundo, de modo que la paz de Dios viva en nuestro corazón, y de esta forma podamos llevar el amor y la paz de Dios a todo el mundo.