«¡Daba lástima verla! Todos los rasgos de su rostro denotaban una profunda tristeza. Sus mejillas, su boca, sus ojos, consumidos. Comenzó a enumerar sus incontables desgracias: su marido, su trabajo, sus hijos, su salud, sus finanzas… todo parecía derrumbarse en su vida y su sufrimiento no tenía límites. Estaba como aprisionada en sus desdichas, enredándose cada vez más en un círculo vicioso. Cuanto más batallaba más se hería, sin esperanza de encontrar una salida.
No era cuestión que la dejara ir en semejante estado, por lo que le propuse seguir un régimen muy estricto durante 24 horas. No se trataba de un régimen alimentario, sino de otro tipo de régimen con dos puntos muy exigentes a primera vista, pero indispensables:Por empezar no tenía que quejarse en absoluto. ¡Contener toda queja no es tarea fácil! El hecho de lamentarnos suele ser una reacción instintiva de un corazón insatisfecho y un hábito muchas veces inconsciente. Aunque no sea fácil lograrlo sí es posible, siempre y cuando uno lo decida de manera firme; porque todos hemos recibido la libertad -gran don de Dios- para elegir el bien y renunciar al mal.Luego, por cada pensamiento negativo acerca de un acontecimiento doloroso de su vida, tenía que bendecir a Dios y darle gracias. Agradecerle, aunque no comprendiera por qué lo estaba haciendo. Debía elevar tan sólo oraciones de alabanza y de acción de gracias durante 24 horas.La previne que se enfrentaría a un difícil combate, una lucha cuerpo a cuerpo contra ella misma. La señora aceptó el reto de buena gana y me emocionó su gesto de confianza.
Al día siguiente, volvió a golpear a mi puerta. ¡Apenas podía reconocerla! Sonreía y todos los rasgos de su rostro se habían estirado como producto de una cirugía estética. ¡El régimen había sido efectivo! Había captado la enseñanza y decidió continuar agradeciendo a Dios por todo.
Pero atención, no es cuestión de agradecer a Dios por el mal, porque Dios no quiere el mal. Se trata de agradecer a Dios porque sólo Él tiene el poder de cambiar el mal en bien, de servirse del mal para hacer un bien. En realidad, le agradecemos la manera absolutamente divina por la cual utilizará el mal que nos hiere para obtener un bien mayor.»
© Children of Medjugorje del mes de abril de 2024
