¡Alabados sean Jesús y María!

Desde hace ya décadas, la Virgen nos llama a la paz, a la conversión y a la oración. Por eso, tampoco hoy debemos permitir que el odio engendre un nuevo odio. Nuestra arma no es la condena, sino el rosario. Nuestra fuerza no es la venganza, sino el perdón. Nuestra respuesta no es el miedo, sino la fe.

Oremos por quienes han cometido este acto. Quizá sean precisamente ellos quienes más necesiten la misericordia de Dios y la gracia de la conversión. Pidamos al Señor que toque sus corazones y los llene de su paz.

Medjugorje no está edificado sobre la piedra ni sobre los edificios, sino sobre la oración de millones de peregrinos que aquí han encontrado a Dios, la confesión, la paz y un nuevo comienzo. Eso nadie puede destruirlo. Lo que viene de Dios no puede ser vencido por la maldad humana.

Por eso los invito a que no respondamos con palabras que dividen, sino con una vida que dé testimonio del Evangelio. Seamos aún más fieles a la santa misa, a la adoración, al ayuno, al rezo del santo rosario y a la lectura de la Sagrada Escritura. Que este acontecimiento sea un estímulo para abrir todavía más nuestros corazones a Cristo.

Que desde Medjugorje vuelva a resonar el mismo mensaje que se escucha desde el primer día:

«¡Paz, paz, paz, y solo paz! Que reine la paz entre Dios y los hombres, y entre todos los hombres».

Que Dios los bendiga a todos, y que la Reina de la Paz, por su intercesión, proteja a Medjugorje y a todos los que llegan a él buscando a Dios.

¡Paz y bien!

Ivan Dragićević

Fuente: Fundación Centro Medjugorje

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