Queridos feligreses de la parroquia de Medjugorje,
queridos peregrinos, queridos amigos de todo el mundo.

Quiero dirigiros unas palabras con motivo de la Pascua de Resurrección, o más bien con motivo de la Pascua. Es importante enfatizar esto, porque la Pascua no es solo el momento de la resurrección el domingo por la mañana, sino que está asociada con la muerte del Señor -el Viernes Santo, el Sábado Santo y la mañana del Domingo de Resureccion son un conjunto- la Pascua. Eso es el paso, el paso de Jesús, como cuando el pueblo judío pasó por el Mar Rojo y salió de la esclavitud a la libertad. Eso es el paso de Jesús a través de la muerte a la Vida. Por supuesto, no es sólo el paso de Jesús, sino que debe ser también nuestro paso, nuestra Pascua, nuestra resurrección.

Cuando observamos la naturaleza, vemos cómo en la naturaleza durante el invierno todo estaba, podemos decir, como muerto. No había rastros de vida en ninguna parte, y ahora ya estamos observando vida en la naturaleza. Todo  esperaba a que llegaran las lluvias y entonces despertar. Cayeron las lluvias, después de la sequía, y notamos que todo despertó. En los prados y en los árboles vemos crecer brotes… Ya vienen las flores, las flores se van despertando. El sol calienta, el calor del sol y todo lo demás son las condiciones para que surja una nueva vida. Así también es en nosotros.

Queridos amigos,  en nosotros también existen los  brotes y gérmenes que existieron en los árboles durante el invierno y en los prados, pero que brotaron  cuando se crearon las condiciones para ello. Con su resurrección, Cristo crea las condiciones para que estos gérmenes de vida, gérmenes de esperanza, gérmenes de fe, gérmenes de amor, germinen ahora en nosotros.

Incluso sentimos la tiniebla del Viernes Santo, cuando hay momentos de oscuridad en nosotros, momentos de desesperanza, momentos de desesperación, momentos de ambigüedad, decepción, cuando pensamos que no hay salida, ni solución, ni luz, ni nada positivo… Estos momentos son normales en nuestra vida, y existen. Sin embargo, la Pascua y la Resurrección de Cristo nos da esperanza. Es el fundamento de nuestra fe que la vida tiene la última palabra, que el Señor tiene la última palabra, que estamos en sus manos, que somos sus seres amados, que Él no nos ha desamparado, que Él no nos ha abandonado, que quiere que vivamos con Él para siempre…

¡La Pascua de Resurrección nos da esa esperanza! Por lo tanto, que estos días de la Pascua de Cristo, la Resurrección de Cristo, sean los días en que los gérmenes de fe, de esperanza y de amor tengan vida en nosotros. Desde el fondo de mi corazón, les deseo una feliz y bendecida Pascua.

Fray Marinko Šakota

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