Después de la Santa Misa vespertina de la víspera del 45º aniversario de las apariciones de la Virgen, en la que participaron decenas de miles de peregrinos y 397 sacerdotes, tuvo lugar una hora de adoración eucarística a Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar, que continuó en silencio hasta las 6 de la mañana. Durante ese tiempo, muchos peregrinos llegaron a Medjugorje caminando y se unieron a la adoración mientras esperaban la primera Santa Misa, celebrada a las seis de la mañana. También se celebraron misas en croata a las 7:00, 8:00, 9:00 y 11:00 horas.
Asimismo, se celebraron otras 15 misas en los idiomas de los peregrinos, que llegaron a Medjugorje desde Hungría, Polonia, Alemania, Austria, Suiza, Irlanda, Inglaterra, Canadá, Estados Unidos, Francia, Ucrania, Escocia, Portugal, Bélgica, Países Bajos, Corea, China, India, República Checa, Eslovaquia, España, México, Colombia, Argentina, Ecuador, Eslovenia, Italia, Dinamarca, Emiratos Árabes Unidos, Vietnam, Mauricio, Brasil, Rumanía, Trinidad y Tobago, Hong Kong, Croacia y Bosnia y Herzegovina.
Aunque cansados por el viaje, los peregrinos aún tuvieron fuerzas para arrodillarse ante el Santísimo, ante la Virgen y, en este confesionario del mundo, hacer fila para confesarse, reconocer sus pecados y emprender una vez más una vida nueva. En su homilía, el provincial de la Provincia Franciscana de Herzegovina, fray Jozo Grbeš, afirmó que Medjugorje es un lugar de perdón y de nuevos comienzos, y que eso es precisamente lo que lo hace especial.
«Este es un lugar de la Iglesia donde se encuentran el obispo y el sacerdote, el no creyente y el peregrino descalzo que busca; todos están en camino hacia la verdad y el sentido. Todos son buscadores», dijo fray Jozo, quien presidió la Santa Misa vespertina en el altar exterior de la iglesia Santiago Apóstol de Medjugorje con motivo del 45º aniversario de las apariciones de la Virgen. Concelebraron con él 397 sacerdotes, mientras que decenas de sacerdotes más confesaban a los fieles llegados de todas partes del mundo.

En su homilía afirmó que, para los creyentes, este es un lugar de conversión, confesión, oración y profundas experiencias personales de Dios. Para los no creyentes, dijo, es un lugar de lo imposible, de lo extraordinario, un lugar de interrogantes al que las personas no llegan solo con fe, sino también con dudas y curiosidad, y casi todos con heridas y crisis.
«Para quienes dan testimonio, Medjugorje puede entenderse, sobre todo, como un lugar del testimonio de aquellos que con su vida demuestran cómo los perdidos volvieron a encontrarse a sí mismos, cómo los matrimonios fueron restaurados nuevamente en el amor, cómo los adictos cambiaron de vida, cómo quienes no habían perdonado, perdonaron profundas heridas, cómo sacerdotes y religiosos salieron de sus crisis, y cómo muchos aquí dejaron de ser ateos», dijo fray Jozo Grbeš, y añadió que lo que todos tienen en común es el regreso a las fuentes.
«Buscamos una cosa y recibimos aquello que realmente necesitamos: buscamos la salud y recibimos el sentido. ¡Qué importante es dar ese primer paso, el paso más importante de la vida, que es el paso que inicia el camino de la búsqueda! Este es un lugar de encuentro con Cristo. Aquí es donde se le conoce y se le encuentra. ¡Si no nos encontramos con Él, todo lo demás es superfluo! Él es el encuentro de todos los encuentros», dijo fray Jozo, y añadió que también la Nota Reina de la Paz sobre la experiencia espiritual relacionada con Medjugorje reconoce la importancia de la experiencia y de los frutos que nadie puede negar.
«Si tienes a Cristo, lo tienes todo. Si no lo tienes a Él, todo lo que tienes no es nada. Él es el sentido, la sabiduría, la verdad, el amor… Él, que dice que el hombre es más importante que la ley, que el amor es más importante que la dureza, que el perdón es más importante que el odio, la envidia y la venganza… Por eso, en Medjugorje, el Križevac, el monte de la Cruz, es la montaña más alta, la más elevada. ¡Él está en el lugar más alto! Llegar hasta Él es, al mismo tiempo, lo más difícil y lo más fácil, lo más hermoso y lo más lleno de sentido. Así es la cruz. Así es el Señor. Exigente, pero lo da todo. Así es el amor», dijo fray Jozo Grbeš, e invitó a volver a tomar el Evangelio para comprender la vida.
«En él descubrimos cuál es la verdadera misión de la Santísima Virgen, nuestra Señora; una misión tan claramente visible en Caná de Galilea, en el momento de la dificultad, cuando ella dice en silencio, como si diera una suave orden que resuena desde hace siglos en todas las almas.: “Hagan todo lo que Él les diga”. ¡Esa es ella! Siempre nos conduce hacia Él», dijo fray Jozo Grbeš, y luego citó algunos pasajes del Evangelio en los que se nos dice lo que debemos hacer: «Ama al Señor tu Dios… y a tu prójimo como a ti mismo». (Mt 22, 37-39); «Vete y no peques más». (Jn 8,11); «Tomen y coman… esto es mi cuerpo». (Mt 26,26); «Perdonen»; «Vayan por todo el mundo». (Mt 28,19); «Toma tu cruz y sígueme». (Mt 16,24); «No tengan miedo». (Mt 10,26 / 28,10)…
Al final, dijo que llevemos con nosotros a nuestros hogares su llamado y su amor, para que la vida tenga más amor y, por medio del amor, todo su sentido.
«Los dejo con una pregunta, sencilla, pero para mí personalmente la más importante: ¿Cómo está su amor? ¡Porque el estado de su amor es el estado de su alma! Que este aniversario sea el comienzo de nuestro camino hacia ella y, finalmente, hacia Él. Solo entonces comprenderemos la plenitud de la paz, la grandeza de lo infinito y la grandeza del sentido», concluyó fray Jozo Grbeš.

Antes de la Santa Misa, el rosario fue dirigido por fray Ivan Hrkać. El aniversario de las apariciones de la Virgen estuvo precedido por una novena. Durante nueve días consecutivos se rezó diariamente el rosario en el Monte de las Apariciones y en el altar exterior de la iglesia de Santiago Apóstol, que fue dirigido ante una multitud de peregrinos, por los feligreses de Medjugorje, los miembros de la Juventud Franciscana (Frama), los terciarios, los voluntarios de las Manos de María y los residentes de la Aldea de la Madre. Las Santas Misas de la novena fueron presididas por fray Jure Barišić, fray Hrvoje Miletić, fray Bože Milić, fray Mario Knezović, fray Ivica Vrbić, fray Karlo Lovrić, fray Ljubo Kurtović, fray Andrija Majić y, en la víspera del 45º aniversario de las apariciones de la Virgen, por fray Miljenko Šteko, con la concelebración de varios cientos de sacerdotes a lo largo de estos nueve días.
Al final de la Santa Misa, el párroco de Medjugorje, fray Zvonimir Pavičić, dio gracias a Dios y a la Reina de la Paz por todas las gracias recibidas a lo largo de estos años. También agradeció a fray Jozo Grbeš, quien presidió la Santa Misa, y a todos los sacerdotes que concelebraron y confesaron.
Asimismo, agradeció a los feligreses de Šurmanci, que llevaron la imagen de la Virgen en la procesión, así como al coro parroquial Reina de la Paz y al quinteto de instrumentos de viento de Split.
Los videntes Ivan Dragićević y Marija Pavlović Lunetti, al igual que durante todos los días de la Novena a la Reina de la Paz por el 45º aniversario de las apariciones de la Virgen, rezaron el Magníficat, y al finalizar la Santa Misa, tuvo lugar la adoración a Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar, que continuó en la iglesia hasta las siete de la mañana.
El día anterior, en la víspera del aniversario de las apariciones de la Virgen y de la solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista, por la mañana se celebró la tradicional 35ª Marcha por la Paz desde Humac hasta Medjugorje, que reunió a un gran número de feligreses y peregrinos de todo el mundo. Por la tarde, también llegaron a Medjugorje los participantes de la 7ª peregrinación votiva desde Čitluk hasta Medjugorje.
Fuente: Fundación Centro Medjugorje
