
«Estamos aquí, en Medjugorje, un lugar de gran gracia. Hemos venido de diferentes lugares, cada uno con su propia historia de vida, y solo Dios sabe cuántos pasos, cuántas lágrimas y cuánta esperanza silenciosa hay detrás de la llegada de cada uno de nosotros.
Ahora estamos aquí. Permitamos que también nuestro corazón y nuestra alma lleguen allí donde nuestros pies ya han llegado, donde ya hemos peregrinado… Quizás hayamos traído una oración que repetimos desde hace años, algún dolor, una culpa que nos cuesta expresar; quizás también estemos cansados, o incluso empapados por esta lluvia, hasta el punto de no saber ya qué decirle a Dios. Precisamente así podemos estar ante Él… Él ve incluso lo que se esconde detrás de la falsa sonrisa que tantas veces ponemos en nuestro rostro. También escucha la oración para la que no tenemos palabras. Así, arrepentidos y con el corazón abierto, pidamos perdón», dijo el guardián del Instituto Internacional Antonianum de Roma, fray Miljenko Šteko, al introducir la celebración de la Santa Misa en la iglesia Santiago Apóstol, el sábado 24 de octubre, durante las Jornadas Mariológicas en Medjugorje. La homilía estuvo a cargo de fray Stefano Cecchin, presidente de la Pontificia Academia Mariana Internacional (PAMI).

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«También nosotros debemos ser cuidadosos con nuestra verdad, para no convertirnos en personas que buscan lo negativo, porque hoy vemos cada vez con más frecuencia que las personas no buscan lo bueno, sino lo malo, para poder atacar a los demás. Jesús también vivió esta experiencia», dijo fray Stefano, señalando que también a nuestro alrededor hay personas incapaces de ver lo bueno y que buscan motivos para acusar.
Recordó que el mal también está presente a nuestro alrededor y que, después del pecado de Adán y Eva, Dios le dijo a la serpiente que pondría enemistad entre ella —el mal— y la mujer, entre su descendencia y la descendencia de ella. Señaló que deberíamos pedir en oración ser descendencia de esa mujer, cuya descendencia es Jesús.
«También nosotros podemos llegar a ser descendencia de esa mujer si vivimos el Evangelio, porque Jesús, desde la cruz, revela quién es la verdadera mujer y se la entrega desde la cruz al discípulo amado. En el Evangelio de Juan, el discípulo amado es aquel que escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica. Si queremos formar parte de la familia de Jesús, debemos vivir el Evangelio, debemos configurarnos con Cristo. Así, cuando María nos mire, verá a su Hijo. Eso es lo que debemos pedirle al Señor», dijo fray Stefano Cecchin, quien recordó los mandamientos de Jesús de amar a Dios y al prójimo.

Explicó que Isabel, llena del Espíritu Santo, no ve a su prima María, sino a la Madre de Dios.
«Y es el Espíritu Santo quien nos ayuda a ver. Hemos venido aquí, a Medjugorje, para que María nos visite, para que visite nuestros corazones… y para que nos conceda el Espíritu del que ella estaba llena. Para que ese Espíritu nos guíe en nuestros hogares, en nuestras familias, en nuestras decisiones… y nos libre del maligno», dijo fray Stefano Cecchin e invitó a pedirle al Señor aquello de lo que deseamos ser liberados, porque en este momento la Santísima Virgen María intercede ante su Hijo.
Señaló que Jesús desciende cada día hasta nosotros bajo las especies del pan y del vino, y desea entrar en nosotros como habitó en María, pero que, lamentablemente, los cristianos no somos conscientes de este milagro.

«Pero, al igual que María, no estamos solos. Jesús viene entre nosotros para ser el pan de vida. La Tierra Prometida no es Israel. La Tierra Prometida es el Cuerpo de Cristo, que encontramos en la Eucaristía. Por eso, hoy pidamos al Señor, por intercesión de nuestra Madre María, que acojamos al Hijo de Dios que viene entre nosotros para enseñarnos a amar, porque el gran misterio de la Encarnación consiste en que, por medio de María, el corazón de Dios comenzó a latir en un corazón humano.
Así, también nosotros somos capaces de amar como ama Dios. Nadie puede justificarse diciendo que no puede amar, que no es capaz de amar… Pero solo podemos amar si nuestro corazón se ha configurado con el corazón de Jesús y el de María», dijo fray Stefano Cecchin.
Fuente: Fundación Centro Medjugorje