«Hace bastante tiempo, unos esposos me abrieron su corazón para expresarme su dolor por uno de sus hijos que no andaba por buen camino en muchos aspectos y que, además, había rechazado la fe. Como solían venir a Medjugorje y se alimentaban de las palabras de la Virgen, comenzaron a rezar y ayunar con fervor, sabiendo que con el ayuno y la oración se podía conseguir todo. (PS2). Su espera duró años y su dolor no cesaba. Sin embargo, no abandonaron su buena disposición, entregando su hijo al Corazón de Jesús y al de María, confiando en que, a pesar de las apariencias, Dios no era sordo a sus súplicas.
¡Por fin llegó el día de la conversión del hijo! ¡Pero cuál no fue su sorpresa ante semejante conversión! ¡El Cielo había derramado su dosis de gracias, superando incluso sus esperanzas! De hecho, su hijo no se contentó con convertirse radicalmente, sino que quiso involucrar a sus padres. Sonriendo me contaron cómo habían cambiado las cosas en la vida familiar… Su hijo no sólo les hablaba de la urgente necesidad de rezar, sino que había programado una intensidad de oración tal que a sus maravillados padres les costaba seguirle el ritmo. «Hemos rezado tanto por él -me decían- que no es momento de decirle que reza demasiado y que, para nosotros, es como mucho. Además, con nuestras ocupaciones diarias estamos bastante cansados, ¡pero tan felices! En resumen, siguieron dócilmente el programa del hijo.
Éste se casó poco después con una joven muy buena, tuvieron muchos hijos, y dan testimonio con fuerza de los beneficios prometidos por la Virgen a todos aquellos que se toman en serio las palabras de gracia y salvación que Ella da al mundo desde 1981…
¿Entregarle el futuro? El miedo al futuro es hoy en día algo habitual, provocado por el Enemigo. También incluye el miedo a la muerte o a la de nuestros seres queridos. Pero recordemos estas palabras de nuestra Madre celestial, que ya conoce muy bien nuestro futuro, inscrito en el Corazón de su Hijo: “Si se entregan a mí, no notarán el paso de esta vida a la otra; comenzarán a vivir la vida del Cielo en la Tierra”. (Al grupo de oración de Jelena Vasilj, 1986). Infatigablemente, la Virgen siempre nos ha invitado a tener una confianza total en Ella, porque si se aparece en Medjugorje es para guiarnos, para acompañarnos por la senda que conduce al Cielo, donde nos espera su Hijo Jesús.
Y recordemos estas palabras de Teresita: «Tú lo sabes, oh Dios mío, para amarte en la Tierra, sólo tengo el día hoy».»
