¿Ayudar a nuestros difuntos?

«Este testimonio de santa Mechtilde de Hackeborn (1241-1299) nos servirá de inspiración para que oremos fervientemente a favor de aquellos que nos han dejado por un tiempo:

Cuando ella terminó de rezar su oración dominical por las intenciones de las almas del Purgatorio, tuvo la visión de un gran número de almas que, en medio de una inmensa felicidad, daban gracias a Dios por su liberación. Mechtilde se alegró y luego supo de la muerte de cierta persona. Se apresuró entonces a rezar cinco Padrenuestros en honor a las cinco llagas de Cristo en la cruz. Un día, deseosa de saber qué alivio había recibido aquella alma, después de su oración, el Señor le respondió: “El alma ha recibido cinco favores: a la derecha, los ángeles han extendido sobre ella su protección; a su izquierda, le han proporcionado el consuelo; delante de ella, le han dado la esperanza; detrás de ella, la confianza y por encima de ella, la alegría celestial”. Luego el Señor agregó: “Cualquiera que, en un ímpetu de compasión y de caridad, interceda por un difunto, participa de todo el bien que se realiza por medio de esa alma en la Iglesia. El día en que el intercesor deje este mundo, encontrará todos esos favores preparados para su propio alivio y para la salvación de su alma” ¿Por qué privarlos y privarnos de tales tesoros?»

© Children of Medjugorje del mes de noviembre de 2017

Sor Emmanuel

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