Una Cuaresma con corazón vigilante

«Don Bosco había reunido en Turín a muchos chicos que estaban abandonados en situación de calle. Su mamá, Margarita, cumplía la difícil tarea de madre de familia numerosa, muy numerosa. Un día, exhausta, le dijo a su hijo: “Estoy agotada, rompen todo, no hay forma de contenerlos, ¡consigue otra persona que se ocupe de ellos!”

Don Bosco permaneció en silencio. Sabía con cuánta dedicación su madre se ocupaba de ellos, prácticamente día y noche. Entonces sacó de su bolsillo un crucifijo colocándolo ante los ojos de su mamá. Contemplando a Jesús en la cruz, ella comprendió el mensaje y terminó diciendo: “Bueno, ¡me quedo!” Jesús no huyó cuando las cosas se le pusieron demasiado difíciles.

A Vicka le gusta preguntarle a Jesús: “Dime Señor, ¿qué puedo hacer para consolarte en tu Via Crucis? Creo que es una pregunta que todos podemos formularnos en este comienzo de Cuaresma. En lo que concierne al ayuno que pide la Reina de la Paz, algunas personas todavía titubean. ¡El ayuno es una gracia que debe pedirse con fervor, porque produce frutos asombrosos! Pongamos en práctica el siguiente mensaje, hoy más que nunca, en vista de las noticas que nos llegan diariamente del mundo entero: “Solamente por medio del ayuno y de la oración pueden impedir las guerras, detenerlas y suspender las leyes naturales”. ¿Qué es más sencillo? ¿Ayunar a pan y agua los miércoles y los viernes o reparar los daños de un terremoto, de un incendio o de una inundación que podrían haber sido evitados por medio del ayuno?

He aquí una oración que nos ayudará a adoptar con mayor facilidad la práctica del ayuno:

Oración para la víspera del día de ayuno. “Querido Jesús, sabes que mañana es un día de ayuno. Sabes también que he decidido ayunar como tu Madre nos invita encarecidamente a hacerlo. Sin embargo, Jesús, te necesito porque para mí el ayuno es una renuncia que me cuesta muchísimo. Oh Jesús, quédate conmigo mañana durante todo el día, te lo ruego; no dejes que la tentación me robe las gracias que Tú, Jesús, has preparado para mí. Me gustaría mucho ayudarte a acceder a todos esos corazones que hoy están cerrados a tus llamados. Sé que con mi ayuno, podrás inundarlos con tu luz y con tu amor. Pero ya conoces mi debilidad. Por eso, querido Jesús, por favor concédeme la gracia de ayunar con todo el corazón, con la mirada puesta en los bellos frutos escondidos de conversión para mis seres queridos y para muchos otros más, y sin pensar en los alimentos que no podré consumir.

Jesús, no quiero decidir esto yo solo, sino hacerlo contigo. ¡Sé mi fortaleza, Dios mío! Contigo todo es posible y ya no temo. Y además, me regocijo pensando en los millones de hijos tuyos que mañana, siguiendo la escuela de la Santísima Virgen, estarán espiritualmente conmigo, ayunando a pan y agua. No estaré solo, y esto me reconforta. Tu Madre nos llama “los apóstoles de su amor” y cuenta con nosotros para llevar a cabo sus planes para el mundo. ¡Qué gran honor es integrar esta familia! ¡Querido Jesús, el hecho mismo de hablar contigo me ha dado valor! Me abandono a ti con gran confianza y te agradezco porque estás conmigo en todo momento. Uno mi ayuno a tu ayuno en el desierto, por lo que tendrá un valor infinito y eso me causa una inmensa alegría. ¡Gracias, Jesús!»

© Children of Medjugorje del mes de febrero de 2018

Sor Emmanuel

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