¡Lágrimas de un sordo!

«El padre Leonardo, un joven sacerdote español, fue invitado a ir en peregrinación a Medjugorje. Su madre es viuda, por lo tanto él vela sobre ella. Luego de estudiar a conciencia lo referente a Medjugojre, consiguió convencerla para que ella también se sumara al viaje y participara del programa ofrecido por la parroquia.

Al igual que muchos otros sacerdotes, el padre Leonardo pasó largo tiempo confesando a peregrinos. Su madre, mientras tanto, rezaba el rosario sentada en uno de los bancos cercanos a los confesionarios y, como quien no quiere la cosa, discretamente miraba hacia donde estaba su hijo.

Uno de los días, poco después de finalizada la misa vespertina, vio a un hombre de cierta edad salir del confesionario de su hijo llorando profusamente. Esto la entristeció y se preguntaba qué habría podido decir su hijo a aquel hombre para que estuviera en semejante estado. Le contó su preocupación al guía de la peregrinación. Aquella noche, durante la cena, el joven sacerdote parecía cansado por haber escuchado tantas confesiones, pero feliz y en paz. En un momento dado se acercó a su madre y al guía, y comenzó a contarles lo que había vivido aquel día durante una de las confesiones. Se le había acercado un hombre que lloraba copiosamente, pero de alegría. Aquel peregrino era tan sordo que ni las mejores prótesis auditivas le habían resultado eficaces. Sin embargo, en el momento de la proclamación del Evangelio durante la misa, notó que escuchaba perfectamente bien la lectura. Es más, ¡era una misa en croata y podía comprender cada palabra! Así es como se dio cuenta de que había sido curado de su sordera. Conmocionado por este milagro, se dirigió sin más a un confesionario para dar gracias a Dios y a la Santísima Virgen.

Al escuchar esto, la señora, aliviada, respiró profundamente y se alegró con su hijo y los demás peregrinos por los dones que Dios confiere a sus hijos mediante la intercesión de su Madre.»

© Children of Medjugorje del mes de septiembre de 2017

Sor Emmanuel

2 pensamientos en “¡Lágrimas de un sordo!

  1. Caros amigos, quem vai a Medjugorje tem de ir de espírito aberto, não importa sua posição religiosa, mas sim suas acções e decisões. Eu sofri, por descuido, um acidente nos tendões do ombro esquerdo, de tal forma, que nem mexia o braço. Apenas, coloquei minha mão na estátua de Jesus Crucificado, tendo visto na noite anterior a cruz do Krisevac com uma forte luz, amarelo-torrado, lentamente meu braço foi-se movendo, até que cheguei ao Porto e tendo sido examinada pelo osteopata (tendinites podem levar meses), ele de imediato achou, que clinicamente era dado como difícil estar tão melhor, sem medicação e indo pegando neste ou naquele pequeno peso. Quem não for com um espírito solidário, primeiro pense, porque Deus ouve e vê tudo. Eu compreendo que terei de andar com cuidado, porque o tendão soltou-se e recaiu sobre outro. As dores eram tal e qual as de uma fractura. Medjugorje deveria ser para mta gente ternura, diálogo, compreensão, saudade…

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