Lo que me atraía era Jesús escondido en el fondo de su alma

En el último © Children of Medjugorje del día 15 de octubre de 2014 Sor Emmanuel nos habla acerca de la gran fiesta que se avecina, la Solemnidad de Todos los Santos.

Gospa 7Se avecina la Fiesta de todos los Santos. En lugar de invertir en calabazas que hacen muecas o en cuentos de brujas que inyectan virus en el corazón de los niños, ¿por qué no hacer palpitar sus corazones con la vida de los santos (DVD, CD, películas, dibujitos animados, etc.) y sondear entre los magníficos tesoros que nos brinda la Iglesia? A los niños esto les fascina. Los santos son bien reales, sólidos y entusiastas. Mediante su ejemplo, se convierten en extraordinarios trampolines para zambullirse en el corazón de Dios y nos ayudan a modelar nuestra propia santidad, aquella que el Creador sueña para nosotros desde toda la eternidad. María nos dice que “Dios nos hace el don de la santidad”. No dice “les otorgará el don”, en el futuro. No, el don ya está disponible y sólo debemos tomarlo. Hay dos maneras de recibir un don:

1- recibo la caja de bombones, la agradezco y la dejo olvidada en un cajón,
2-  recibo la caja, la agradezco y me como los bombones.
En ambos casos, he recibido el obsequio, pero sólo en el segundo lo utilizo. Sucede lo mismo con la santidad, hemos recibido el don desde nuestra concepción, pero ¿cómo lo hemos utilizado?

Santa Teresita nos relata un hecho que ilustra su elección de santidad en la vida cotidiana. En su Carmelo había una hermana que tenía la particularidad de irritarla en todo, hacia quien ella experimentaba una fuerte antipatía natural. Pero Teresita había elegido el camino de la santidad. Decidió por lo tanto ejercer con respecto a esta hermana la verdadera caridad, que no consiste en sentimientos, sino en obras. Escribe: “Me impliqué en hacer todo por esta hermana como lo hubiera hecho por la persona más amada. Cada vez que me la encontraba, oraba al Buen Dios por ella, ofreciéndole todas las virtudes y los méritos de Jesús (…). No sólo oraba mucho por aquella hermana que me daba tanta guerra, intentaba hacerle todos los favores posibles, y cuando estaba tentada de responderle de forma desagradable, optaba por darle mi más amable sonrisa e intentaba desviar la conversación. Frecuentemente también, durante las horas de trabajo, cuando mis combates eran demasiado violentos, huía como un desertor. Como ella ignoraba por completo lo que sentía por ella, jamás sospechó los motivos de mi conducta y estaba convencida de que su carácter me resultaba agradable. Un día en el recreo me dijo más o menos estas palabras con aire muy feliz: “Quisiera usted decirme, hermana Teresa del Niño Jesús, ¿qué es lo que tanto la atrae de mí? Cada vez que me mira, la veo sonreír”. Lo que me atraía era Jesús escondido en el fondo de su alma… Jesús transforma en dulce lo más amargo” (Historia de un alma).

Sor Emmanuel

Para leer el Boletín completo de Sor Emmanuel del mes de mayo pueden ingresar AQUÍ

2 pensamientos en “Lo que me atraía era Jesús escondido en el fondo de su alma

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