El llamado más frecuente de Nuestra Señora a la familia es a orar.

PodbroEn el mensaje del 2 de junio de 1984, la Virgen nos invitó a rezar una Novena al Espíritu Santo para que Él se derramara en las familias y en la Parroquia entera. Este deseo nos desea su propia experiencia de orar junto con los Apóstoles durante nuevos días después de la Ascensión de Jesús.

Nuestro Señor envío al Espíritu Santo, al Paráclito, tal como lo había prometido. Los corazones de los Apóstoles y el Corazón de María fueron colmados de fortaleza y de celo con la venida del Espíritu Santo. A través de esa venida, los Apóstoles, fueron capaces de dar testimonio de todo lo que habían visto y oído (Hechos 1, 13-14 y 2, 1-4)

Basta recordar los dones del Espíritu Santo -sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, conocimiento, piedad y temor de Dios- para entender por qué la familia debe orar al Espíritu Santo, por qué cada uno de nosotros necesita los dones del Espíritu Santo en este tiempo particular. La familia es en sí misma una comunidad de fe y amor, de esperanza y respeto mutuo, atenta a las necesidades de cada uno de sus miembros en el sentido material, espiritual y psicológico.

La persona humana es educada para formar una familia y es formada en una familia. Sin la familia, es impensable el desarrollo normal de cualquier persona. En ninguna otra parte son tan necesarios los dones de sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, conocimiento, piedad y temor de Dios como en la familia. Las cosas sólo pueden estar en orden cuando los corazones rebosan y son llenados constantemente con los dones del Espíritu Santo.

Este mensaje de Nuestra Señora es una respuesta a todos los padres y madres que se preguntan que más pueden hacer por sus familias que están en crisis. Orar al Espíritu Santo significa invocar al mismo Espíritu que da vida y crea la vida. Orar al Espíritu Santo significa orar a Aquel a quien Isaías vio actuar cuando los huesos secos volvieron a la vida (Ez 37, 1-14).

Según el grado en el que el Espíritu Santo actúe en la familia, Él forma en los individuos personas nuevas. Hasta este grado, pues, el hombre tendrá la fortaleza de superar su oscuridad con la luz divina, de transformar la tierra árida de su corazón y su alma en la riqueza de la unidad y el amor y de suplir su falta de amor con el amor eterno que es un don del Espíritu Santo. Por el poder del Espíritu Santo, las heridas de su corazón, infligidas por la carencia de amor, serán sanadas.

En su mensaje del 28 de marzo de 1985, María agradece a todos aquellos que han comenzado a orar en familia y se han vuelto activos en ese sentido. Ella nos dice además en este mensaje que somos muy queridos para su corazón.

Reflexión del Padre Slavko Barbaric

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