La Virgen desea que anhelemos el Cielo

P. Livio: Marija, no te parece que nosotros como cristianos, también como Iglesia hemos perdido un poco esa perspectiva de la eternidad. Deberíamos tener presente que lo único importante es salvar nuestra alma y llegar al Paraíso.

 Marija: Sí, desafortunadamente, yo veo que no se habla ni del Paraíso, ni del Purgatorio, ni del Infierno, ya no se habla de la vida eterna. Parece que la Iglesia esté solo aquí, en cambio, la Iglesia, la gran Iglesia está allí. La Virgen nos quiere decir precisamente esto, que nosotros somos la Iglesia, pero que la verdadera Iglesia está en Cielo. Ella desea que anhelemos el Cielo. Por esto, creo profundamente que este es el motivo por el que la Virgen está aquí entre nosotros. Necesitamos nuestra oración, nuestra confianza, nuestra paz interior y exterior para este encuentro con Dios al que la Virgen nos está ayudando. El gran proyecto de Dios, es la salvación de cada una de las almas.

P. Livio: Obviamente, nosotros somos la Iglesia, pero una Iglesia peregrina. Una Iglesia que va hacia la Jerusalén celestial, pero en nuestra demora, hemos perdido el objetivo. Cuando en nuestras familias hay un enfermo, vemos que no se deciden a llamar al sacerdote para darle el sacramento de la Unción, la Confesión, la Comunión y la única cosa que les preocupa es que no sufra y no piensan que con la muerte se presenta uno delante del Señor.

 Marija: Sí es verdad. No sabemos cuándo nos llegará la muerte. A veces cuando doy mi testimonio, digo que puede caerme una teja del tejado y morir. Todos sabemos que podemos morir de un momento a otro sin esperarlo. Como el padre Slavko, por ejemplo, que incluso se había hecho varias pruebas del corazón, ya que su padre había muerto de eso, y todo había salido perfecto y sin embargo, poco después murió. Es decir, ¿Quién puede decir que está preparado para ese momento? Es como las vírgenes prudentes de la Sagrada Escritura que estaban allí preparadas con las lámparas encendidas. Por esto la Virgen nos llama a la confesión, a caminar por el camino de la conversión, por el camino de la santidad. Ya desde las primeras apariciones, la Virgen nos llamaba a la conversión, a formar grupos de oración en nuestras familias, en nuestras parroquias. Pero el primer grupo debía ser en nuestras familias. La Virgen nos decía que debíamos poner la Sagrada Escritura en un lugar visible de nuestras casas y leerla cada día. Esto crea esperanza, porque uno que ora, no tiene miedo del futuro, no tiene miedo de lo que pueda suceder. Tenemos la certeza de que nuestro Padre está en el Cielo.

Fuente: Entrevista a Marija por P. Livio para comentar el Mensaje del 25 de Mayo

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