Odette atrapada en el hielo del Podbrdo

«Hace algunos días, la parroquia de Medjugorje fue sacudida por un terrible acontecimiento: una peregrina francesa fue declarada desaparecida.

Odette integraba el grupo de peregrinos de Niza que había venido para celebrar la Inmaculada Concepción de María el 8 de diciembre. Soltera, de 84 años, Odette trabaja en casa de una familia numerosa cuya madre ha muerto. Una persona sencilla, con gran sentido común y sólida fe en Dios.

Aquella mañana del martes 5 de diciembre la temperatura había descendido mucho. Odette escaló la colina del Podbrdo, alejándose algo de los senderos habituales para explorar un poco más este lugar bendito. Su vista deficiente hizo que no pudiera volver sobre sus pasos. No por ello perdió la cabeza y finalmente decidió prudentemente permanecer donde se encontraba para evitar empeorar la situación: de un lado había un precipicio y del otro, las rocas eran demasiado altas para ella. Las horas se sucedían y nadie acudía a su rescate. Transcurrió el día, sin ninguna novedad. El frío se hizo más intenso. Para no congelarse, cambiaba de posición y oraba incesantemente sin desanimarse pensando que terminarían por encontrarla, así como Jesús había sido hallado en el Templo. Cuando finalmente las sombras de la noche cubrieron la colina, la temperatura bajó -5ºC. Odette no quería acostarse y luchaba denodadamente con sus pobres fuerzas contra el sueño y el frío. Oraba y cantaba, meditaba la Pasión de Jesús. “También Él había tenido sed en la cruz”, pensaba. En un momento dado perdió el equilibrio y se cayó. Como sentía dolor pensó: “Jesús recibió latigazos; ¡yo bien puedo soportar esto!” Ya no podía mover sus piernas, sin embargo su confianza permanecía firme. Paso por alto los detalles de esta interminable prueba.

Tan sólo la noche siguiente Odette fue encontrada y transportada de urgencia al hospital de Citluk donde pudieron estabilizarle la temperatura y someterla a un minucioso examen. ¡¡Estaba en perfecta salud; ni siquiera se había resfriado!! Pudo regresar tranquilamente a Medjugorje donde retomó el programa de la peregrinación con su grupo, totalmente restablecida.

Habíamos sido alertados de su desaparición el mismo martes y en cuanto la noticia se difundió por el pueblo se formó una maravillosa cadena de apoyo y de súplica. Creo que nuestros ángeles custodios nunca fueron tan solicitados como durante aquellas horas de suspenso. Les pedíamos que la calentaran, que le dieran de beber y de comer, a su manera, y que también la mantuvieran animada.

Como la helada persistía, algunos pensaron que ya habría muerto de frío y le pedían al Señor que la llevara al Cielo. ¡Los ángeles escucharon nuestras oraciones! Ella, que es friolenta por naturaleza y que carecía de abrigo suficiente para semejante prueba, afirma que no tuvo frío. Luego de casi 36 horas, uno de los 50 socorristas de Medjugorje, un tal José, que trabaja como mozo en Viktor, la encontró el miércoles alrededor de las 23. Odette no cesaba de agradecer a todos.

Por mi parte, escuchándola, fui testigo del poder de su fe, una fe de niña que le permitió permanecer en calma sin siquiera tener miedo. “Era cuestión de confiar, nos dijo, con una simplicidad conmovedora: ¡la Santísima Virgen no podía abandonarme!” ¡Gracias Señor, porque en Francia todavía quedan verdaderos creyentes!

La protección física y moral extraordinaria que experimentó Odette me recuerda lo ocurrido con el gran escritor ruso Alexander Ogorodnikov. También él tuvo que atravesar “la prueba del hielo” si se la puede llamar así. ¿Cómo pudo sobrevivir a su encarcelamiento en Moscú en 1968 cuando fue arrojado desnudo en una celda cuyas paredes estaban cubiertas de hielo? La respuesta es simple, y él mismo da testimonio de ello: miles de personas rezaron por él y muchos le enviaban a sus ángeles custodios. Sus torturadores querían que muriera congelado y de esta forma quitar del medio a aquel cristiano molesto, pero Dios tenía otro plan para Alexander. Rodeado de hielo experimentaba un calor misterioso y él sabía que eso provenía de la intercesión de sus hermanos que lo sostenían con su oración. Fue finalmente liberado y pudo retomar sus actividades como testigo de Cristo.

No sabría decir cuántos ángeles fueron enviados para asistir a Odette. Sólo Dios lo sabe, pero aunque ignoremos su número, somos testigos de su eficacia. Quién de entre nosotros no tiene a alguien que esté pasando por un momento de gran dificultad física o espiritual. ¿Por qué no hacer el bien que está a nuestro alcance? ¿Por qué vivimos desaprovechando nuestros medios espirituales y no recurrimos a estos amigos tan poderosos?»

© Children of Medjugorje del mes de diciembre de 2017

Sor Emmanuel

Un pensamiento en “Odette atrapada en el hielo del Podbrdo

  1. Sinceramente, fica-se espantado. Eu acredito que haja pessoas, que se deslocam a Medjugorje altamente merecedoras de algo muito sério e para toda uma vida. Mas, também posso provar, quando lá voltar, que conquanto estivesse bastante doente, alguém me mandou embora (não de Medjugorje) assunto que irei tratar um dia, quem sabe se falarei com esta senhora, irmã Emmnuelle, porque o sentido de Medugorje é acolher mesmo os que vão doentes, cuja ânsia e certeza os leva ali. Regressei, tive um prejuízo enorme com novo bilhete de volta, mas de madrugada, conquanto me tivesse deslocado por minutos à estátua de Cristo Crucificado, não pedindo cura, pois para além de um princípio de cirrose medicamentosa, eu tinha no ombro esquerdo uma tendinite muito violenta. Um tendão tinha ido para cima de outro. Nos aeroportos tive sempre gente à minha espera, porque não tinha força para vestir mesmo o casaco. Acontece, que eram 5h30m, antes de chegar ao aeroporto de Split, olhei o céu, deslumbrante, passou uma estrela cadente e, a partir daí o braço começou a mexer, tanto que a dor abrandou 80%, só que o tendão já no tratamento que fiz com meu osteopata foi levado ao seu sítio. E até hoje, nunca mais doeu. Portanto, o que concluí é que mesmo lá há o cruzamento entre o Bem e o Mal, sendo este, no tempo, eliminado, porque “Deus não dorme”.

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