Testimonio de una sanación física debido a la oración y la fe de la familia

«El 13 de mayo pasado, nacía la pequeña María Pía en Italia, pero había permanecido tan sólo seis meses en el seno de su madre, pesaba 540 gramos y se encontraba entre la vida y la muerte. ¡Cuánta angustia! Muy pronto, María Pía desarrolló una infección pulmonar con dificultades respiratorias y debió ser entubada. Sus padres, muy creyentes, se apresuraron a pedir que fuera bautizada y de inmediato comenzaron a rezar. Con una autorización especial de los médicos, María Pía recibió el sacramento del bautismo en terapia intensiva. ¡Fue un momento muy especial de gracia para toda la familia! Cada uno experimentó una gran serenidad. Siendo ya hija de Dios, su pequeña María Pía se encontraba en las manos del mejor Padre que pudiera existir. Certeza que no se vio mellada por los sombríos pronósticos de los médicos que no ocultaban que la vida de la criatura peligraba y que los días venideros serían determinantes.

Su abuelo, que acompaña frecuentemente peregrinos a Medjugorje, recibió en su corazón una intuición que se presentó ante él como una evidencia: ¡había que unir a la oración una acción muy concreta y exigente, que comprometiera toda la persona! Les propuso a todos los hombres de la familia por whatsapp que peregrinaran a pie hasta el Santuario de la “Beata Vergine della Sassola”, explicándoles su proyecto e invitándolos a partir todos juntos desde su casa a las 6 de la mañana del sábado siguiente (27 de mayo) para recorrer los 15 km hasta allí. En total, 30 km a pie, ida y vuelta, uniendo sus voces para suplicar al Cielo la curación de la pequeña María Pía.

 Ante su gran asombro, la respuesta fue inmediata e unánime: “Allí estaremos todos”. Y aquel sábado, fueron 15 los hombres que partieron, transpirando bajo un sol de plomo, felices y apacibles, acompasando su marcha con el murmullo de los rosarios orados con el fervor de una urgencia vital. Llegaron bañados en sudor para asistir a la santa misa y una gran sorpresa los esperaba: ¡sus esposas estaban allí! Sin avisarles a sus maridos, se habían puesto de acuerdo para unirse a ellos y terminar la peregrinación juntos. Con el corazón sumido en una alegría indescriptible, la familia en pleno se dirigió al Santuario y elevó una última oración con el fin de conmover al Cielo.

¡La respuesta del Señor no se hizo esperar! En menos de un día, el 28 de mayo, se enteraron de que la pequeña María Pía había comenzado a reaccionar a los antibióticos y que la infección estaba disminuyendo. ¡Estaban maravillados! Su abuelo lloraba de alegría.

Dos días más tarde, la madre de María Pía les transmitió otra buena noticia: la niña estaba respirando sin asistencia médica y su pequeño problema cardíaco había desaparecido por sí solo. Hoy en día la bebita goza de buena salud. Está creciendo bien y toda su familia sigue sus progresos con solicitud. Para agradecer a Dios por el don de la vida y por su protección, el abuelo volvió a realizar la misma peregrinación a pie, con el corazón desbordante de alegría.

¿Qué podemos retener de este hermoso testimonio? Hay toneladas de gracias que se encuentran suspendidas sobre nosotros, preparadas para ser derramadas sobre quienes decidan creer, actuar y agradecer. ¡A veces hay que ser “violentos” con Dios! El Señor se deja conmover fácilmente; Él mismo inspira a sus hijos las iniciativas a llevar a cabo para tener la dicha de escuchar sus súplicas. ¡El abuelo y su familia hicieron todo cuanto estaba en su poder y Dios hizo el resto!

Quizás ustedes no tengan a una pequeña María Pía entre la vida y la muerte, pero probablemente carguen una pesada cruz en el corazón. ¡Sea cual fuere, recuerden que el Cielo está siempre dispuesto a bendecirlos! Por cierto, el cumplimiento de sus plegarias o las curaciones no son automáticos. Sin embargo, como la Virgen lo ha dicho, muchas más curaciones serían acordadas si se rezara con el corazón y si se abandonara el pecado (a través de una sincera confesión). Basta entonces con tener la certeza de que Dios nos ama infinitamente y que sueña con colmarnos, según su sabiduría.»

© Children of Medjugorje del mes de julio de 2017

Sor Emmanuel

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