La vida está hecha de momentos de alegría y de momentos de sufrimiento, de momentos de desencanto y de otros de entusiasmo y fervor, pero todos deben ser vividos en la aceptación y en el amor. Por eso, la Santísima Virgen viene también para que aceptemos las distintas vicisitudes de nuestra vida, soportando sin quejas y sin anestesias ni fugas o rechazos a la cruz, rechazos que terminan siempre con la cruz cargada en los hombros de otros. En el fondo es un llamado a la responsabilidad y a la madurez espiritual.
P. Justo Antonio Lofeudo
Madre mía bendicenos ahora y en la hora de nuestra muerte.
Muchas gracias Dios les Bendiga abrazos