Testimonio del Padre Tiberio Munari en Medjugorje

10527502_667706829964877_5309256310524203966_nHe ido a Medjugorje. Me aproveche de una oportunidad que me ofrecieron unos amigos de Parma (Italia). Varias circunstancias habían creado en mi el deseo de visitar al pueblo que todos decían privilegiado de la Virgen: ante todo, lo publicado en una revista que anunciaban con grandes titulares los misteriosos hechos que allí estaban ocurriendo, luego unos libros: la obra del padre Faricy, Jesuita y profesor en la Universidad Gregoriana de Roma y el volumen científico del Padre Rene Laurentin, Mariólogo de fama mundial.

Pero lo que me saco de cualquier incertidumbre y me puso en camino fueron los testimonios personales de los peregrinos que volvían de Medjugorje y decían que las apariciones continuaban.

Nos fuimos en coche desde Padua, cuatro amigos por la autopista de Venecia-Triesta. Recorrimos la maravillosa Costa Dálmata, cruzando las grandes y modernas ciudades de Rioja, Zara y Split y llegamos a Medjugorje en doce horas.

Era el jueves 3 de mayo del año de 1984. Fuimos primero a visitar la colina de las apariciones: un camino abrupto y pedregoso. Allá encontramos a una señora mexicana, Lygia Sierra, que como era ya la quinta vez que venia desde Nápoles a Medjugorje, conocía bien las casas donde viven los videntes.” 

Nos acompañó a visitar a Maria Pavlovic que encontramos pelando papas y atendiendo a un sobrinito. Tanto como hablar, no se pudo, porque el croata es para nosotros como el chino; pero si, gestos, sonrisas y un abrazo para que se lo transmitiera, por la tarde, a Nuestra Señora, al momento de la aparición.

Luego fuimos a visitar a Ivan, pero no lo pudimos ver porque estaba trabajando en el campo de tabaco. En cambio pudimos saludar a Jakov que acababa de volver de la escuela. Al fin fuimos a casa de Pedro, el padre de Jelena, la niña a quien la Virgen le habla al corazón. Sus papás y el abuelo nos ofrecieron tantito vino para que probáramos el hecho por ellos. 

-Many problems? (¿muchos problemas?) – intente preguntarle al Sr. Pedro, a ver si así me entendía.

-Con Jesús, ningún problema- nos contestó sonriendo.

La molestia que nosotros le dábamos no era nada.

Saliendo de la casa de don Pedro encontramos a Jelena con un grupo de compañeras que volvían del colegio. Nos detuvimos. Cuando la niña vio la cámara lista para retratarla, se alejo unos cincuenta metros; a los videntes no les gusta que los retraten como si fueran personajes famosos. Me acerqué unos pocos pasos y quede prendado por esa cara infantil y luminosa de Jelenita. 

Por la tarde pude estar presente en la pequeña “Capilla de las apariciones” y ver como se portaban los videntes. Éramos unas treinta personas entre peregrinos, curas, religiosas y cuatro enfermos en sillas de rueda. Llegaron en orden Ivan, Maria, Jakov y Vicka, saludando con sencillez a todos. De pie, ante la pared donde estaba colgado un crucifijo, rezaron. En cierto momento cayeron de rodillas. También nosotros nos arrodillamos.

28365_cristo_resucitado_de_medjugorjeYo estaba codo a codo con Vicka y le miraba el rostro, luego pasaba mi mirada sobre los demás. Veía los labios moverse como si estuvieran hablando. Los rostros de todos eran luminosos. Paso un minuto y oímos la palabra “ode”, dicha como en un profundo y fuerte suspiro: “se fue”. La Virgen se había ido.

El impacto de los peregrinos no se limita a los jóvenes videntes sino que incluye a toda la gente del pueblo de Medjugorje. Aquí lo extraordinario, parece ser ordinario. No hay manipulación, no hay explotación, no hay negocios sagrados; la gente era pobre y sigue siéndolo. Su riqueza es otra, la sencillez, la bondad, la hospitalidad, características de una comunidad que se esta renovando.

El mensaje de la conversión logra aquí lo que es más urgente en el mundo de hoy: ¡la paz! La paz interior del hombre con su Padre Dios y con sus hermanos los hombres. No muy lejos de la Medjugorje catolica están los ortodoxos y los musulmanes. Las relaciones no siempre han sido amistosas: por eso los cristianos están llamados, aquí, a perdonar y a que se les perdone, dice la aparición a los videntes. “Hay un solo Dios que es Padre de todos”.

Fuente: Florida Center for Peace

4 pensamientos en “Testimonio del Padre Tiberio Munari en Medjugorje

  1. Si que maravilla de nuestra Madre del Cielo que por Gracia de Dios, hace sus apariciones para llamarnos a la conversión a la paz, al amor, como nuestra Madre amorosa que es.
    Nos llama a la unidad con Dios a ser uno con El, pues todos somos sus hijos.
    Quiere que la fraternidad de una familia amorosa sea lo que nos mueva con nuestros hermanos, que veamos en cada prójimo a nuestro hermano, que sus intereses sean nuestros intereses, sus tristezas las nuestras, y podamos consolarlos y tenderles la mano, acogiéndolos como un hermano muy querido, que vivamos la Fraternidad de Dios en cada ser humano que se nos presente, que vivamos con y en la Fraternidad y El Amor De Dios.

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