Dejemos que el Niño Jesús viva en nosotros¡Querida Familia de María!

“Queridos hijos, recuerden lo que les digo: ¡el amor triunfará! Sé que muchos de ustedes están perdiendo la esperanza porque ven en torno a sí sufrimiento, dolor, celos y envidia… Sin embargo, yo soy su Madre. Estoy en el Reino, pero también aquí con ustedes. Mi Hijo me envía nuevamente para ayudarlos. Por lo tanto no pierdan la esperanza, por el contrario, síganme, porque el triunfo de Mi Corazón es en el Nombre de Dios. Mi amado Hijo piensa en ustedes como siempre lo ha hecho: ¡créanle y vívanlo! Él es la vida del mundo. Hijos míos, vivir a mi Hijo significa vivir el Evangelio. Eso no es fácil. Conlleva amor, perdón y sacrificio. Eso purifica y abre el Reino. Una oración sincera, que no son solo palabras, sino oración que el corazón pronuncia, los ayudará. Como también el ayuno, porque ello conlleva ulterior amor, perdón y sacrificio. Por lo tanto no pierdan la esperanza, sino síganme. Les pido nuevamente orar por sus pastores: para que tengan siempre la mirada en mi Hijo, que ha sido el primer Pastor del mundo y cuya familia era el mundo entero. ¡Les doy gracias!” (2 de diciembre de 2014)

La Virgen es honesta. No envuelve de azúcar la vida del cristiano. Vivir como Jesucristo significa llevar la cruz. Significa amar, incluso cuando este amor no es devuelto. Significa perdonar, incluso cuando sabemos que podemos ser heridos otra vez. Y significa sacrificio, incluso cuando el sacrificio no se nota o no se lo valora y parece que no cambia nada.

Este es un camino difícil. Pero la Virgen dice, que si vivimos en su Hijo, seremos purificados y estaremos preparados para el Reino. Esta ruta lleva al camino estrecho, pero es el camino del gozo, porque es el camino hacia el cielo.

Caryll Houselander habla de vivir en Jesús y del amor, perdón y sacrificio de Jesucristo hacia nosotros en forma de sufrimiento:

La presencia o la ausencia de Dios se nota por el efecto del sufrimiento en nosotros, especialmente del sufrimiento pequeño de cada día, como el “leve” que trata de corroer a aquellos que tratan de soportarlo con su propia fuerza. Pero para aquellos que permanecen en Cristo, es Cristo el que sufre cada humillación; para ellos no hay cicatrices psicológicas, la Humildad de Cristo las viste con su majestad y las corona.

No es lo que se sufre lo que redime y cura sino quien sufre. Una lágrima de Cristo podría redimir el mundo entero: todas las lágrimas del mundo que no son suyas no son suficientes para reconfortar a un niño.

Lo que importa no es lo que sufrimos, sino que tanto si sufrimos poco como si sufrimos mucho, Cristo sufre con nosotros. Cristo sufre siempre que nosotros sufrimos. No importa si nuestras vidas son pequeñas o se han vivido de una manera heroica, lo que importa es que se hayan vivido en Cristo. Por lo tanto, la manera de compartir el dolor del mundo, y de mitigar el dolor de este, no es otra que fomentar y cuidar el Niño Cristo en nuestras almas.

Porque el Cristo en nosotros es el Niño Cristo, porque es en nuestras pequeñeces que llegamos a la Cruz; es en nuestra impotencia que somos crucificados con Él.

Amar, perdonar y sacrificarse en unión con Cristo, que vive en nosotros, es el camino hacia el Reino. Y también es la manera de que otros también lleguen al Reino. Porque este tipo de vida intercesora, lleva la gracia a todo el mundo. ¡Esta es la manera de que el amor gane!

Esta Navidad, podemos invitar al Niño Jesús a vivir en nuestros corazones, para que podamos vivir en Jesús. Encontraremos una nueva fuerza y dignidad porque vamos a tener la intención de amar a Jesús dentro de nosotros y en nosotros. Él nos amará en nosotros, perdonará en nosotros y se sacrificará en nosotros, y nosotros le dejaremos que nos lleve en el Reino.

¡En Cristo, María y José!

Cathy Nolan

Fuente:  Mary TV

Traducción del inglés a cargo del equipo de www.virgendemedjugorje.org

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