Noviembre es el mes de los difuntos y también el mes de los Santos

¡Noviembre es el mes de los difuntos y también el mes de los Santos!

Sor Emmanuel¿Cómo alcanzar la santidad? Dios coloca santos en nuestro camino y sus vidas nos inspiran y entusiasman. He aquí un hermoso ejemplo de amor al prójimo que ha fructificado:

Se trata del caso del obispo Myriel en Les Misérables de Victor Hugo. Lo que él ha escrito en su novela es verídico. Jean Valjean regresa de Guyana donde ha purgado una pena de trabajos forzados durante19 años. Se encuentra en la ciudad francesa de Digne. Cuando la gente se entera de su llegada, todas las puertas se cierran. Se dispone a pasar la noche al aire libre. Una viejita lo ve y le pregunta:
– ¿Qué hace usted aquí?
– En realidad, nadie ha querido recibirme. Sin embargo tengo con qué pagar…
– ¿Cómo que nadie? ¡Vaya y golpee en aquella casita de la esquina!

Jean no muy convencido, se incorpora y va a golpear a la puerta de aquella casa. El obispo de Digne es quien le abre, y como aquel está furioso y no quiere malos entendidos le dice: “Soy Jean Valjean y vuelvo de prisión”. El obispo lo tranquiliza de inmediato: “¡Esta es la casa de Jesucristo y usted está en su casa! Todo es suyo”. El obispo había donado su palacio para que fuera convertido en un hospital y vivía pobremente en aquella casita. Hace pasar a Jean y para homenajearlo le pide a su ama de llaves que coloque los cubiertos de plata que era el único remanente de riqueza de su familia; le da la mejor habitación y durante la noche deja todas las puertas abiertas. Jean Valjean, muy sorprendido, no comprende nada.

Y he aquí que en medio de la noche la imagen de los cubiertos de plata se le presenta. Movido por un instinto irresistible se levanta, los roba y huye. Pero la policía, que había sido alertada que estaba en la ciudad, lo detiene, lo revisa y le descubren los cubiertos grabados con el escudo de la familia del obispo. A la mañana siguiente lo llevan a casa del obispo. Cuando los gendarmes le presentan los cubiertos al obispo como prueba flagrante del robo, el obispo dice: “No, no los ha robado. Yo se los he dado” y añade dos candelabros.

Los gendarmes se retiran pidiendo disculpas al obispo (y no al ex-convicto). Valjean interroga al obispo con la mirada y éste le dice: “Cuando usted entró en esta casa le dije que era la casa de Jesucristo, que usted estaba en su casa y que todo era suyo”. Jean Valjean prorrumpe en llanto. No necesita que se le diga quién es Dios, ya que Dios está allí, delante de él. Comprende que Dios es amor. Ustedes conocen el resto de la historia: Valjean se convierte y consagra el resto de su vida a trabajar para ayudar a los pobres que pudieran estar tentados de tomar el camino que él había emprendido. ¡Qué buen ejemplo del rol de los santos en los designios de Dios! El Creador ha colocado en cada uno de nosotros un gran potencial de santidad. ¿Por qué lo desaprovecharíamos? ¡Sólo se vive una vez!

Sor Emmanuel

Extracto del último © Children of Medjugorje del día 15 de noviembre de 2014

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