El viernes no se redujo a una agenda de actos, sino que se vivió como un itinerario compartido, un camino de fe que nos permitió descubrir la presencia de Dios en lo cotidiano.

El día comenzó con una meditación del P. Diego González sobre el Espíritu Santo, presentado como manantial de paz y alegría. La reflexión puso en el centro una espiritualidad que no huye de las dificultades, sino que las enfrenta con confianza. Con palabras sencillas y cercanas, se recordó que la verdadera alegría cristiana no depende de lo que ocurre afuera, sino de vivir con el corazón abierto a Dios y a su gracia transformadora.

Más adelante, Oriol Vives y L. Miguel Onieva presentaron la misión y los proyectos de la Fundación Centro Medjugorje, ofreciendo una mirada concreta sobre su servicio actual y los desafíos que se proyectan hacia el futuro. La exposición puso de relieve una espiritualidad mariana unida al llamado permanente a la conversión, a la oración y a la comunión con la Iglesia como camino seguro hacia Cristo. También se destacó la colaboración activa de distintos países, signo visible de una fe que se comparte, se fortalece mutuamente y se convierte en misión.

En clave pastoral, se abordaron también herramientas concretas para la evangelización actual. Se realizó un taller sobre el uso de la aplicación de Medjugorje, a cargo de Luis Mariano Colón. La App no solo permite seguir en directo el congreso, sino que tiene además tiene muchas otras funciones y usos que fueron explicados. Así, con la app, la experiencia de Medjugorje se hace accesible desde cualquier lugar del mundo, ampliando las posibilidades de formación y acompañamiento espiritual.

Por la tarde, la mirada se elevó hacia el corazón del mensaje mariano. Uno de los momentos más significativos fue la reflexión del P. Inocencio Llamas sobre el plan de la Gospa. Se invitó a contemplar a María como una madre que acompaña y conduce con seguridad hacia su Hijo. Se destacó que la devoción mariana no es algo superficial ni aislado, sino una verdadera escuela de escucha, humildad y disponibilidad para vivir la voluntad de Dios, con un fuerte impulso misionero.

La centralidad de la Eucaristía fue otro de los ejes de la jornada. El P. Marcelo Marciano destacó la Eucaristía como corazón de la vida cristiana, donde el creyente aprende a dejarse amar y transformar por Cristo. En continuidad con lo reflexionado durante el día, se recordó que María siempre conduce hacia Jesús y que toda devoción mariana auténtica encuentra su plenitud en el encuentro vivo con Él.

La Santa Misa fue presidida por Mons. Carlos Tomás Morel Diplan, arzobispo coadjutor de Santo Domingo. La celebración eucarística fue una síntesis de todo lo reflexionado y rezado y el momento más importante del día.

En el tramo final de la jornada, el P. Marcelo Marciano ofreció su testimonio sobre la alegría de anunciar a Cristo. Con un tono cercano y vivencial, subrayó que el verdadero testigo no transmite ideas, sino una experiencia personal de encuentro con Jesús, capaz de transformar la propia vida y encender el corazón de los demás.

Y, como cada viernes en Medjugorje, la jornada culminó con la veneración de la Cruz. En un clima de profundo recogimiento, los participantes pudieron a través de las meditaciones, del silencio, de los cantos, agradecer a Dios por todo.

Los espacios de oración marcaron el ritmo de todo el día: OficioCoronillaSanto Rosario y, finalmente, por la noche, la veneración de la Santa Cruz. Así, el viernes se vivió como un tiempo de esperanza y gracia, donde María acompañó a todos hacia una relación más profunda con Jesucristo, recordando que la renovación de la Iglesia nace siempre de la oración, la conversión del corazón y la confianza en Dios.

Fuente: Fundación Centro Medjugorje

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