«Es la de encontrar personas venidas de todas partes que, contra viento y marea, permanecen fieles al Evangelio y a las palabras de la Virgen, frecuentemente en medio de grandes persecuciones. En la simplicidad de sus corazones, estas personas viven su fe cristiana sin compromisos con los falsos valores del mundo. Se los reconoce desde lejos porque irradian una gran paz interior. Creo que forman ese “pequeño resto” del que se habla en el Apocalipsis (Cap. 18) y del cual también hablaba la mística Marthe Robin. Son aquellos “pequeños focos de fervor”, en el seno de un mundo duro y sin Dios, y de una “humanidad que ha elegido la muerte”, según un mensaje reciente de la Gospa. Estas personas ya han sido descriptas por varios santos, entre los cuales aquel gran profeta mariano, San Luis María Grignon de Montfort (1673-1716). Él los llamaba los apóstoles de los últimos tiempos: “serán los verdaderos discípulos de Jesucristo, caminarán sobre las huellas de su pobreza, humildad, desprecio del mundo y caridad evangélica, y enseñarán la senda estrecha de Dios en la pura verdad, conforme al santo Evangelio…” (PS 3)
¡Estos “apóstoles” necesitan ser animados! Por eso deseo citar este muy bello mensaje dado por la Virgen María el 2 de febrero de 2017, a través de la vidente Mirjana:
“Queridos hijos, ustedes que se esfuerzan en ofrecer cada día de su vida a mi Hijo, ustedes que procuran vivir con Él, ustedes que oran y se sacrifican; ustedes son la esperanza en este mundo inquieto. Son los rayos de la luz de mi Hijo, el Evangelio vivo, y son mis queridos apóstoles del amor. Mi Hijo está con ustedes, Él está con los que piensan en Él, con los que oran; pero de la misma manera, espera pacientemente a los que no lo conocen. Por eso ustedes, apóstoles de mi amor, oren con el corazón y muestren con las obras el amor de mi Hijo. Ésta es la única esperanza para ustedes, éste es el único camino hacia la vida eterna. Yo, como Madre, estoy aquí con ustedes. Las oraciones que me dirigen son para mí las más bellas rosas de amor. No puedo no estar allí donde siento el perfume de rosas. Hay esperanza. Les doy las gracias.”
Y nosotros, ¿qué enseñanza podemos sacar de todo esto? En este relato hay una parte que permanece y permanecerá en el secreto del Rey. ¿Qué ocurrió en el corazón de este sacerdote entre la oración en casa de Vicka y el momento en que quiso subir al monte con aquel pequeño grupo en un frío glacial? La oración… ¡El verdadero milagro se encuentra allí! La oración fervorosa de todo el grupo y la de Vicka obtuvieron que aquel corazón extraviado reencontrara el camino de la paz. La oración ardiente obtuvo esta maravillosa efusión del Espíritu Santo en la cima del Krizevac y demás frutos que se derramaron para tantas personas y para toda la Iglesia.»
© Children of Medjugorje del mes de mayo de 2023
