P. Stanko CosicEl P. Stanko Cosic celebró la Santa Misa de Fin de Año en la abarrotada Iglesia de Santiago en Medjugorje. En ella, habló sobre cómo los cristianos necesitan mirar hacia adelante, cómo necesitan luchar contra los pecados y la debilidad en este año que se nos presenta. Nos gustaría compartir aquí su homilía completa de esa noche:

«Queridos hermanos y hermanas: Estamos a final de año y estoy seguro de que vosotros, al igual que yo, volvéis la vista atrás para repasar todo lo que ha sucedido durante este año. Han pasado muchas cosas buenas, muchas cosas por las que alegrarse. Pero, qué duda cabe, también nos vienen siempre a la cabeza esa cosas que no han ido tan bien. Con mucha frecuencia nos acordamos de lo poco acertados que hemos estado en nuestros pensamientos, palabras, obras y omisiones. ¡Cuántos malos hábitos y otras muchas cosas hemos intentado dejar sin haberlo conseguido! ¡Algo que he seguido repitiendo durante años, algo en lo que sigo cayendo tras cada confesión, tantas palabras destructivas que han ofendido a otras personas! ¡Tantas palabras desagradables y duras que condenan a nuestro prójimo, aún sin la certeza de acusarlo con un verdadero motivo! ¡Tanta indiferencia consciente hacia la vida, hacia el pobre que tenemos al lado, sin ofrecer ni siquiera lo que nos sobra, sino quedándonos con todo egoístamente! ¡Tantas pequeñas mentiras, sólo para parecer agradables y estupendos a los ojos de alguien, sin ser esa ni siquiera la verdad sobre uno mismo! ¡Tantos cálculos en nuestra relación con los demás, y todo para que pase el tiempo y para obtener lo que deseamos exactamente de quien queremos! ¡Tantos robos, desde esas cosas pequeñas hasta las enormes! ¡Tanto miedo a dar nuestra opinión ante aquellos que pudieran tener razón y puedan poner así en peligro mi verdad! ¡Tanto miedo a lo diferente, tan sólo para evitar que me hagan daño!Pensamientos y miradas llenas de lujuria, de avaricia que han insultado la dignidad del prójimo. Pensamientos que han situado a la otra persona por debajo del nivel humano.

No sólo observando la vida personal, sino también entrando un poco en lo que ha sucedido en el mundo, comprobamos que es evidente que las cosas no han sido tan estupendas, que la pobreza no ha disminuido, que el hambre no ha desaparecido, y que todavía se padecen injusticias y abusos en todo el mundo.

Volviendo la vista atrás en ese sentido no podemos dejar de preguntarnos a nosotros mismos cuál es la fe que me empuja hacia algo nuevo; ya que en este sentido, la fe se asemeja a aquella escena de un naufragio en la que un hombre tenía sólo un trozo de madera para mantenerse a salvo de las profundidades marinas que lo llevaban hacia la muerte. ¿Puedo apoyarme en esa fe, tan sólo ese pedacito de madera y en nada más? ¿Cómo puede un cristiano avanzar, conocer la respuesta y saber si existe respuesta alguna? Tal vez sea el propio Jesús el que proporciona lo que todo hombre busca. Nació en un pesebre. Llegó en un momento muy difícil para José y María en todos los sentidos, tanto externos como espirituales. No llegó en el mejor de los momentos. ¿Y qué fue lo que hizo? Siguió hacia adelante. Si nos estamos preguntando cómo luchar contra todas nuestras debilidades, nuestros pecados, cómo luchar en este Año Nuevo y cómo hacerlo todo mejor, tal vez Él tenga la respuesta. A lo mejor resulta incluso más simple de lo que pensamos. A lo mejor está más cerca de cualquier plan que deseemos llevar a cabo y cualquier meta que queramos conseguir. Tal vez necesitemos hacer lo que hizo Dios; tal vez necesitemos seguir adelante, empezar a construir amistades y relaciones. Tal vez necesitamos construir una relación con Dios Padre, que se ha revelado de distintas maneras en la historia de la humanidad, y que finalmente vino a nosotros como Hijo, sólo por una razón: para enseñar a los hombres que Él es, sin lugar a dudas, Padre. Tal vez necesitamos construir una relación con el Espíritu Santo, que desea enseñarnos que justamente todo lo que nos resulta triste, duro, cada cruz que llevamos en nuestra vida diaria, todo esto que se está destruyendo en el mundo son simplemente dolores de parto que nos dirigen hacia la nueva creación. Que este mundo no se dirige hacia la destrucción, sino hacia la renovación. Que la Iglesia, independientemente de lo débil y pecadora que pueda ser, no acabará destruida, ya que se dirige hacia el momento en el que se desposa con Cristo. El Espíritu Santo se alegra en nuestro corazón, se regocija cada vez que perdemos fuerzas y dice: Abba, Padre! En los momentos en los que no creemos que Dios es nuestro Padre, el Espíritu Santo se regocija: ¡Tú eres realmente Padre! Jesucristo, que con su presencia nos enseñó quién es Dios, al hombre de quien Dios parecía tan lejano y distante. Jesús, quien cada vez que nos preguntamos por qué esto, o por qué lo otro, o cómo esto o cómo lo otro, responde y dice: ¡Padre, tú lo sabes! Es Jesús quien nos enseñó que el viaje hacia quien Él creía, hacia el Padre, conduce a la vida.

Queridos hermanos y hermanas, ese viaje, esa respuesta a la invitación de Dios es tal vez la llave para que el hombre abra su corazón y lo entregue a los demás. ¿Cuántos estamos aquí esta noche y por qué hemos venido? Hemos venido a un encuentro, ya que la Mesa Eucarística nos une a todos. Esta Santa Misa no comenzó hace 20 minutos, sino en el momento en que salimos de casa y nos preparamos para construir nuevas relaciones, a encontrarnos con gente diferente. Este viaje hacia el encuentro evita al hombre el miedo de que él, por si mismo, necesite estar en posesión de toda la verdad, y del mismo modo permite que alguien más tenga razón. Permite que personas con distintas opiniones tengan razón, y me hace ver que tal vez sea yo quien no necesita saberlo todo. De hecho, la mayor y más bella gracia que tenemos cuando comience el Año Nuevo es la Bendita Virgen María.

Recientemente, le robaron a un jugador de tenis todas sus pertenencias en el aeropuerto mientras firmaba un autógrafo. De entre todas ellas había también un Rosario que le entregó el Papa Francisco. Declaraba lo siguiente: «Se han llevado una parte de mi vida. Me es imposible pensar en ello. Me causa mucho dolor». Y se dirigió al ladrón diciendo: «Tengo un único deseo: por favor, devuélveme el Rosario. Lo he llevado siempre conmigo. Quédate con todo lo demás, pero por favor, devuélveme el Rosario».

Queridos hermanos y hermanas, que nuestro viaje comience con la Bendita Virgen María, ya que nadie nos puede enseñar mejor quién es Dios, y nadie nos puede acercar tanto a Jesús como Ella. Por otra parte, el Rosario, como simple devoción de fe- puede resultar tal vez la mayor fuerza que nos enseñe a levantarnos y a encontrarnos con el que vino en nuestro encuentro. Permitamos que, mediante una simple conversación con Nuestra Señora, seamos capaces de crecer en la amistad con Jesús y que, al igual que ella meditaba todo cuanto sucedía en sus vidas, sigamos también nosotros su ejemplo. Amén.»

Fuente: www.centromedjugorje.org

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