2 de diciembre de 2019

Mensaje del 2 de diciembre de 2019 en Medjugorje, Bosnia-Herzegovina

“Queridos hijos, mientras los miro a ustedes que aman a mi Hijo, mi Corazón se llena de ternura. Los bendigo con mi bendición maternal. Con mi bendición maternal bendigo también a sus pastores: a ustedes que pronuncian las palabras de mi Hijo, que bendicen con Sus manos y que tanto lo aman, que están dispuestos a hacer con alegría cualquier sacrificio por Él. Ustedes lo están siguiendo a Él, quien fue el primer Pastor, el primer Misionero. Hijos míos, apóstoles de mi amor, vivir y trabajar para otros, para todos los que ustedes aman a través de mi Hijo, es gozo y consuelo de la vida terrenal. Si mediante la oración, el amor y el sacrificio, el Reino de Dios está en sus corazones, entonces, su vida es alegre y serena. Entre los que aman a mi Hijo y se aman recíprocamente por medio de Él, no son necesarias las palabras. Una mirada es suficiente para que se escuchen las palabras que no se pronuncian y los sentimientos que no se expresan. Allí donde reina el amor, el tiempo ya no cuenta. Nosotros estamos con ustedes. Mi Hijo los conoce y los ama. El amor es lo que los conduce a mí, y por medio de ese amor, vendré a ustedes y les hablaré de las obras de la salvación. Quiero que todos mis hijos tengan fe y sientan mi amor maternal que los lleva a Jesús. Por eso, hijos míos, dondequiera que vayan, iluminen con amor y fe, como apóstoles del amor. Les doy las gracias.”