2 de mayo de 2019

Mensaje del 2 de mayo de 2019 en Medjugorje, Bosnia-Herzegovina

“Queridos hijos, con amor maternal los invito a responder al gran amor de mi Hijo, con un corazón puro y abierto, con total confianza. Yo conozco la grandeza de Su amor. Lo llevé dentro de mí, Hostia en el corazón, luz y amor del mundo. Hijos míos, que yo me dirija a ustedes también es un signo del amor y de la ternura del Padre Celestial, una gran sonrisa llena del amor de mi Hijo, una invitación a la vida eterna. La Sangre de mi Hijo fue derramada por amor a ustedes. Esa Sangre preciosa es para su salvación, para la vida eterna. El Padre Celestial ha creado al hombre para la felicidad eterna. No es posible que perezcan ustedes que conocen el amor de mi Hijo, ustedes que lo siguen. La vida ha vencido: ¡mi Hijo está vivo! Por eso, hijos míos, apóstoles de mi amor, que la oración les muestre el camino y la manera de difundir el amor de mi Hijo, la oración en su forma más sublime. Hijos míos, cuando procuran vivir las palabras de mi Hijo, también están orando. Cuando aman a las personas con las que se encuentran, están difundiendo el amor de mi Hijo. El amor es lo que abre las puertas del Paraíso. Hijos míos, desde el comienzo he orado por la Iglesia. Por eso, también los invito a ustedes, apóstoles de mi amor, a orar por la Iglesia y sus servidores, por aquellos a quienes mi Hijo ha llamado. ¡Les doy las gracias!”