Posiblemente uno de los frutos más frecuentes y hermosos de quienes visitan Medjugorje es que, al regresar a sus ciudades, casas y parroquias, sienten la necesidad de formar un grupo de oración o de integrarse a algunos de los ya existentes.

En uno de sus mensajes la Virgen María nos invita a renovar la vida espiritual a través de la oración personal pero también a acrecentar la formación de los grupos de oración: “¡Queridos hijos! Hoy los invito a abrirse a la oración. Que la oración se convierta en gozo para ustedes. Renueven la oración en sus familias, formen grupos de oración, y así, experimentarán el gozo en oración y comunión. Todos lo que oran y son miembros de grupos de oración, están abiertos a la voluntad de Dios en el corazón y testimonian gozosamente el amor de Dios. Yo estoy con ustedes y los llevo a todos en mi corazón y los bendigo con mi bendición materna. Gracias por haber respondido a mi llamado!” (25 de septiembre de 2000).

Gracias a ello, para muchos peregrinos Medjugorje no queda solo en una experiencia espiritual pasajera, sino que es la posibilidad de comenzar a insertarse de manera más profunda en la vida eclesial de la propia parroquia y de la propia diócesis.

Este anhelo y necesidad de orar con el corazón -el cual está presente en muchos de los mensajes de la Virgen- forma parte del ADN de cada ser humano. Y es una necesidad que debe ser satisfecha para poder experimentar la vida plena a la que Jesús nos llama.

Los mismos discípulos sintieron esa necesidad, especialmente al ver orar a Jesús. Así fue como ellos le pidieron que les enseñará hacerlo: “Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos” (Lucas 11:1).

También las primeras comunidades cristianas se reunían asiduamente para orar, intercediendo por las necesidades de toda la Iglesia (Ref. Hechos 2:42-47).

Jesús le pidió a los apóstoles y a las mujeres a qué permaneciesen en Jerusalén unidos en oración (Ref. Hechos 1:4); lo cual vemos que se concreta en el libro de los Hechos de los apóstoles, antes de Pentecostés: “Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos” (Hechos 1:14).

La oración en comunidad y teniendo a la Virgen con ellos, los dispone interiormente para recibir una nueva efusión del Espíritu Santo, y recibiendo además el don de la “parresia” (franqueza y valentía apostólica) con el cual lograron superar el miedo y comenzaron a evangelizar (Ref. Hechos 2).

A esto se refiere el Papa Francisco, cuando dijo: “La Virgen María nos enseña el significado de vivir en el Espíritu Santo y qué significa acoger la novedad de Dios en nuestra vida…María invocó al Espíritu con los Apóstoles en el Cenáculo: también nosotros, cada vez que nos reunimos en oración estamos sostenidos por la presencia espiritual de la Madre de Jesús, para recibir el don del Espíritu y tener la fuerza de testimoniar a Jesús resucitado” (Papa Francisco. Plaza de San Pedro. V Domingo de Pascua, 28 de abril de 2013).

Mientras fue obispo de Buenos Aires, el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio valoraba mucho los grupos de oración y la labor evangelizadora y solidaria que muchos de ellos realizan.

De hecho, una vez al año los grupos de oración de los diversos movimientos y parroquias de Buenos Aires se congregaban en la Catedral metropolitana, y el entonces Arzobispo presidía una misa.

En dicha Eucaristía, él siempre nos daba una consigna para ir insertándola en la vida personal y comunitaria de quienes integran los grupos de oración.

De este modo, uno de los frutos que fueron surgiendo de los integrantes de los grupos de oración, es que muchos de ellos comenzaron a evangelizar unidos a sus pastores, no sólo en sus parroquias sino también en las periferias territoriales y existenciales de muchas situaciones de dolor.

Estos son frutos que aún se conservan y que se siguen acrecentando día a día por la misericordia de Dios.

Cuando alguien me pregunta cómo formar un grupo de oración le invito a que tome el Catecismo de la Iglesia Católica y que primero haga una lectura a partir del número 2623. Que en segundo lugar comience a poner en práctica cada una de las formas de oración que nos presenta el Catecismo. Y que en un tercer momento, se una a otras personas para leer. meditar y practicar las diversas formas de oración que la Santa Madre Iglesia nos ofrece. En nuestro Catecismo encontramos una síntesis maravillosa de las diversas formas de oración que nos ayudan a unirnos con Dios y a permitirle que transforme todas las áreas de nuestra vida que aún necesitan ser convertidas.

En la Catequesis del miércoles 24 de abril del 2013, el Santo Padre nos decía: “Nosotros somos el tiempo de la acción, tiempo para sacar provecho de los dones de Dios, no para nosotros mismos, sino para Él, para la Iglesia, para los otros, tiempo para tratar siempre de hacer crecer el bien en el mundo. Y sobre todo hoy, en este tiempo de crisis, es importante no encerrarse en sí mismos”. Y esto es lo que ve como fruto del grupo de oración de María y los discípulos: la oración los lleva a la acción.

Acción evangelizadora y solidaria que transforma vidas especialmente para quienes aún no han tenido la experiencia del amor de Dios.

Que Nuestra Madre que nos ayuda a desatar los nudos de la vida, interceda por nosotros, para que seamos hombres y mujeres de oración, que puedan acompañar a muchos hermanos a tener un encuentro profundo y duradero con Nuestro Señor Jesucristo. Que así sea.

Padre Gustavo E. Jamut

Oblato de la Virgen María

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