En estos días, especialmente hoy, el 24 de junio de este año del Señor 2020 se cumplen exactamente 39 años o 14.230 días desde que la Virgen María se está apareciendo aquí. Estos son días de gracia, son días de conversión, días de purificación espiritual, días para decidirnos por Dios. No podemos estar lo suficientemente agradecidos con Dios por todo, por todas esas gracias que nos ha dado en estos días y años. Medjugorje se ha convertido por ello en un lugar de oración ferviente, de conversiones conmovedoras y hechos milagrosos.

¿Por qué ha venido la Virgen María? Ella misma respondió y dijo: He venido para ayudaros a superar estos problemas y perturbaciones en los que habéis caído. Quiero mostraros el camino seguro para salir de esa crisis, de ese tormento. La Virgen dijo el 14 de febrero de 1985 en un mensaje: Cada familia debe rezar la oración familiar y leer la Biblia. – Es la única vez que yo recuerde, de entre todos los mensajes que había dado, que ella dijo «debe», usó el verbo «deber». ¿Por qué la Virgen dijo que se debía hacer algo? Porque lo considera muy importante para nosotros, para este tiempo en el que vivimos. Ella quiere llamar la atención precisamente en eso, en la oración familiar y en la lectura de la Sagrada Escritura, es decir, de la Palabra de Dios. Ella dirá: Leed la Sagrada Escritura y vividla, y orad para comprender los signos de estos tiempos.

De hecho, la Sagrada Escritura es la Palabra de Dios, es el dialogo de Dios con nosotros. La Sagrada Escritura es precisamente el mensaje de Dios dirigido a nosotros, sobre cómo y de qué forma salvaremos nuestra alma. Es por eso que nuestra Madre celestial, que viene a nosotros, desea despertarnos precisamente en la fe, en la oración y en la lectura de la Sagrada Escritura. Porque sin la Sagrada Escritura no podemos conocer a Cristo como debemos y como nuestra fe nos lo exige, a «Jesús» – como dijo nuestro compatriota San Jerónimo: “Quién no conoce la Sagrada Escritura, no conoce a Cristo». Y realmente tiene razón.

Es por eso que la Virgen quiere decir: Poned la Sagrada Escritura en un lugar visible en vuestra casa, sobre la mesa, para que podáis leerla cada vez que la veáis. En verdad, quien lee la Sagrada Escritura ése aprende cómo hay que amar a Dios y cómo hay que vivir aquí en esta vida. Por lo tanto, es nuestro deber y llamada conocer la Sagrada Escritura lo mejor posible, porque entonces también conoceremos ese gozo eterno, porque en la Sagrada Escritura Dios nos muestra cuánto ama al hombre y cuánto le importa su salvación. Sabemos que cuando Dios creó al hombre, (el hombre) fue feliz, fue bendecido, vivió en el paraíso terrenal, no tanto en el paraíso celestial; pero cuando cometió el pecado, lo perdió todo, y se encontró en el camino de la perdición. Dios se apiadó de nosotros, nos envió a Jesucristo. Precisamente la Sagrada Escritura habla acerca de cómo y de qué manera Dios ayuda a su pueblo, cómo y de qué manera Dios es paciente con su pueblo, un pueblo de cerviz dura y que realmente no escuchó a su Dios lo suficiente. Y es por eso que la Virgen María nos dice: Queridos hijos, yo soy vuestra Madre, lo habéis olvidado, y en este tiempo que Dios os da es para aprovecharlo lo mejor posible: Orad y leed la Sagrada Escritura, alimentaos de la Palabra que os ayuda a ser eternamente felices.

Por lo tanto, cuando leemos la Sagrada Escritura, y deberíamos leerla todos los días, siempre descubriremos algo nuevo, porque la Sagrada Escritura ayuda a encontrar el sentido, a convertirse y comenzar a vivir una vida nueva. Se dice que Medeshkolski, un escritor ruso, candidato eterno al Premio Nobel, escribió esto sobre sí mismo:

“Todos los días he leído el Nuevo Testamento, especialmente los Evangelios, y lo leeré mientras me sirvan los ojos, lo leeré donde encuentre la luz, sin importar si es del sol o de las llamas, ya sea de día o de noche, en la felicidad, en la desgracia, ya sea sano o enfermo, lleno de fe o lleno de desesperación, lleno de éxtasis o languidez, siempre me parece estar leyendo algo completamente nuevo, algo que hasta entonces ni siquiera podía vislumbrar, algo que no entendería completamente, ni jamás penetraría hasta su fondo. ¿Qué vais a poner en la tumba conmigo? – La Biblia. ¿Con qué resucitaré? – Con la Biblia. ¿Qué he hecho que valga la pena en mi vida? – He leído la Biblia todos los días».

Esto es lo que nos dice un escritor ruso. Por lo tanto, hermanos y hermanas, aprovechemos este tiempo de gracia, aprovechemos lo que Dios nos da para que nosotros también algún día podamos ser partícipes de esa felicidad y dicha. Hemos sido creados para la eternidad, hemos sido creados a imagen del Dios Uno y Trino y, por lo tanto, Él quiere que le conozcamos, que alimentemos nuestras almas leyendo la Sagrada Escritura, meditando sobre  ella y así un día llegaremos a esa eternidad maravillosa donde Dios cumplirá todas nuestras expectativas justificadas y la esperanza justificada. Él también escuchará todas nuestras oraciones y nos dará aquello sin lo que no podemos vivir. Necesitamos creer que la Palabra de Dios es verdaderamente la Palabra de Dios.

El siguiente ejemplo sucedió en un país comunista cuando un creyente fue encarcelado, después de unos días fue sacado para ser interrogado. Querían ver por qué era creyente. Si realmente creía que la Biblia, la Sagrada Escritura, es la Palabra de Dios. Y cuando lo sacaron y le preguntaron si creía él que la Biblia era la Palabra de Dios dijo- Sí. Creo. ¿Crees en cada palabra escrita allí? – Sí. Luego le dieron el Evangelio de Marcos, capítulo 16, versículo 18, para que lo leyera: “Si bebéis un veneno mortal, no os hará daño”. – ¿Usted cree en estas palabras? – preguntó el oficial. El médico también estaba allí. – Sí, creo. Entonces, si lo intentamos ahora, veamos si es verdad. Tengo un vaso de veneno aquí, dice: dejando bromas aparte, mando traer a un perro, y ese perro bebió ese veneno, de otro vaso y en pocos minutos estaba muerto. No es ninguna broma, aquí en este vaso hay veneno, ¿lo probarás si crees que puedes beber el veneno sin que te haga daño? – Él dijo: yo creo y la Palabra de Dios es verdad para mí. Entonces, tómalo, lo dejaron orar y él oró así:

“Oh Dios, tú sabes cuánto te han invocado estos hombres y estoy realmente listo para morir, creo en Tu Palabra que dice que nada me sucederá, creo en Tu Palabra y, por lo tanto, estoy dispuesto incluso a morir si ese es tu plan conmigo, quiero que se cumpla tu voluntad conmigo”.

Cogió el vaso y bebió el veneno de un trago. Este oficial y el doctor estaban estupefactos. Esperaban que se cayera en cualquier momento, observando qué le ocurría. Sin embargo, él permaneció normal, sano, le examinaron pero no encontraron nada. Después de una hora dijeron: Efectivamente, tienes razón. A partir de hoy, yo también creo en la Biblia – dijo el oficial – es verdadera, creo en Cristo que realizó un gran milagro ante mis ojos.

Hermanos y hermanas, esto significa creer en la Palabra de Dios. No estamos aquí para tentar al Señor, pero todo es posible si creemos. La fe es un acto de nuestro abandono y confianza en Dios. La fe es precisamente la que nos ayuda a creer en la Palabra de Dios para que así podamos seguir caminando por esta vida sufriente mientras permanecemos fieles a nuestro Dios. La Virgen también, todos estos días, meses y años que está con nosotros, solo quiere que aceptemos el mensaje de Dios, el mensaje de conversión, el mensaje de oración, la lectura de la Sagrada Escritura, asistir a la Santa Misa, celebrar la Santa Misa, a fin de que aquí podamos   tener la paz y la felicidad eterna y dicha eterna en el Reino de los Cielos. Hemos sido creados para el paraíso y estas apariciones nos ayudan a no olvidar eso jamás, sino para que cada momento de la vida lo convirtamos en un momento de salvación para nosotros mismos y para nuestros hermanos. Hagámoslo, hagámoslo y nunca nos arrepentiremos y estaremos en el camino para alcanzar verdaderamente aquello para lo que fuimos creados, para alcanzar la salvación eterna. Y finalmente algo más, nunca olvidemos que el mensaje principal de la Biblia, de la Sagrada Escrituras es: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”, dice Jesús. Conoced a vuestro Dios, amadlo, vivid de esa fe viva, y no temáis por vuestra salvación.

Por si queréis saber más, la Biblia contiene aproximadamente 3 millones de letras, 31 mil versículos, 1.189 capítulos. Nos llevaría unas 50 horas leer la Biblia completa, 40 horas para el AT y 10 horas para el NT. ¿Sabíais que el Salmo 118 es el capítulo central de toda la Biblia, que el Salmo 117 que precede al Salmo 118 es el capítulo más corto que se encuentra en la Biblia, y que el Salmo 119, que está detrás del Salmo 118, es el capítulo más largo de la Biblia?.

Por eso, queridos míos, no hay duda de que al leer la Sagrada Escritura, el alma arde en Dios, se limpia de todos los vicios y puede estar segura de su salvación. Que el Señor os bendiga a todos los que escucháis esto y que él llene cada día de vuestra vida con sus dones y gracias y que todos algún día lleguemos a él y le alabemos sin cesar. Que así sea. Amén

Fuente: http://www.centromedjugorje.org

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