Queridos hermanos y hermanas, parroquianos y queridos amigos de Medjugorje en el mundo entero que estáis unidos a la Virgen, a aquello que Ella nos dice, vosotros que os habéis abierto a Ella y a Su llamada, la llamada a la paz y a la oración, os saludo a todos cordialmente y deseo dirigiros algunas palabras.

La Cuaresma ya nos queda atrás, y llega la Pascua. Esta es una invitación a la Pascua en nosotros, que es especial este año. Precisamente, en este tiempo de la epidemia del coronavirus, cuando nos hemos quedado sin la Eucaristía, sin la oración comunitaria, sin el sacramento de la confesión, es precisamente este tiempo de silencio, un tiempo en el que nos sumergimos en nuestro interior, un tiempo en el que le permitimos al Señor que nos transforme.

Este es tiempo de oración en el que la Madre quiere que nos abramos a Dios como la naturaleza se abre al sol, al calor del sol, que así, en la oración, nos abramos al amor de Dios, y le permitamos hablar a nuestro corazón, que permitamos que los rayos de Su amor toquen nuestro ser a fin de que en nuestro interior suceda la transformación. Eso es lo que la Virgen, nuestra querida Madre, desea que suceda en nosotros y nos dice: ¡Volved a Jesús, volved!

¡Volved a la oración y al ayuno! Dirigid vuestra mirada y vuestro corazón hacia Dios, abrid vuestro corazón al amor de Dios y soltad todo aquello que os aparta de Dios, de la oración. Dejadlo, desprenderos de ellos y regresad a Dios, así como aquel hijo pródigo regresa al padre.

Este tiempo en el que estamos ahora es aquel tiempo en el que estuvo el hijo pródigo, el tiempo del silencio, el tiempo para recapacitar, para meditar, para reflexionar, para comprobar dónde nos habíamos desviado, dónde nos habíamos alejado de Jesús, cuándo nos habíamos alejado de la oración, del ayuno, de la palabra de Dios, de los miembros de nuestra familia, de los auténticos valores. Por tanto, éste es el tiempo en el que regreso, me vuelvo hacia el Señor y a la oración. El ejemplo para nosotros en todo esto, queridos amigos, es María. Ella es la persona que se abre al Señor, que le permite hablar con ella. »Heme aquí, oh Señor, hágase en mi según Tu palabra.” Ese es el permiso, esa es la apertura del corazón y eso sucede en el silencio de su interior.  Cuando el ángel le hablaba, María entraba en su interior, sumergiéndose en su corazón y permanecía en silencio. Ella guardaba todos esos acontecimientos y los meditaba en su corazón, nuevamente en su interior, nuevamente en el silencio.

Queridos amigos, podemos entender esta situación de dos maneras:

Podemos entenderla como algo que se nos ha impuesto, y es verdad, no lo hemos querido. Podemos quejarnos al respecto, porque no tenemos la posibilidad de asistir a la Santa Misa, a la adoración, al sacramento de la confesión, no tenemos posibilidad de salir a la calle… Eso nos recuerda lo que hicieron los israelitas en el desierto cuando salieron de Egipto y dijeron: «No tenemos nada más que esta comida miserable, este maná que nos da asco. No tenemos nada más que eso». Es decir, lo que tenemos es nada. Solo ven lo que no tienen. De igual manera, ahora nosotros podemos fijar nuestra mirada en lo que no tenemos, en lo que nos falta, en lo que no podemos hacer.

Otra alternativa es que este tiempo impuesto lo aprovechemos para algo bueno. Tenemos la posibilidad de elegir y decir: “Quiero aprovechar este tiempo como tiempo de gracia, como un tiempo regalado para la transformación interior, para abrir mi corazón al Señor, como un tiempo para calmarme, para detenerme, para parar, tiempo que me ayudará a no tener prisa, a no precipitarme, a ver que tengo tiempo para la oración, para la palabra de Dios, para los miembros de mi familia».

¡Queridos amigos, es Pascua! Que realmente la vivamos como una verdadera Pascua.

La Resurrección de Jesús sucedió en silencio, sucedió sin que nadie la viera. Aquí estamos, nosotros también, en el silencio de nuestra habitación y de nuestra casa. Jesús desea que ahora, ahí, la Pascua suceda en nosotros, y sucederá si salimos de la tumba en la que tal vez estamos, de la tumba de los pensamientos negativos, de la tumba de los sentimientos negativos hacia algunas personas, y cuando empecemos a desear el bien a los demás.

Del mismo modo, cuando decidimos perdonar, cuando empezamos a rezar para poder amar a la persona que no queremos, a la que no soportamos, la que no nos es querida, que nos ha ofendido, cuando empezamos a rezar por el amor en nuestro corazón hacia esa persona, esa será la salida de la tumba.

Cuando nos decidamos por el bien, por aquello que nos ha sido regalado, por lo que está a nuestro alrededor, cuando veamos a las criaturas de Dios en la naturaleza, cuando decidamos ver tantas cosas que nos han sido dadas, ahí sucederá la salida de la tumba. ¡La Resurrección! ¡Una vida nueva!

¡Queridos amigos, esto es lo que os deseo de corazón!

¡Feliz y bendita Pascua de Resurrección!

Fr. Marinko Sakota, párroco de Medjugorje

2 comentarios

  1. Muy bello y muy cierto es momento de abrir nuestro corazón a Dios.

    El jue., 16 de abr. de 2020 8:53 AM, ROSAS PARA LA GOSPA escribió:

    > Rosas para la Gospa posted: “Queridos hermanos y hermanas, parroquianos y > queridos amigos de Medjugorje en el mundo entero que estáis unidos a la > Virgen, a aquello que Ella nos dice, vosotros que os habéis abierto a Ella > y a Su llamada, la llamada a la paz y a la oración, os saludo a” >

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